martes, 31 de julio de 2007

Reforma fiscal o Multas

Mientras que el “presidente” FECAL negocia con la cámara de diputados su reforma fiscal, y los empresarios, que se decían sus aliados le dan la espalda, mostrando así que ellos no tienen partido mas que el dinero, y bajo el poco creíble argumento que si no se les grava con impuestos crearan empleos; el dizque carnal Marcelo hace las cosas más fáciles en lo que a recaudación de dinero de los ciudadanos para su gobierno se refiere, matando así dos pájaros de un tiro.

El primero, y con el cual abandera su causa de el nuevo reglamento de tránsito para la ciudad en movimiento, se refiere a crear una nueva cultura de vialidad entre los ciudadanos; intentando que se respeten los límites de velocidad, no hablar por teléfono celular mientras se conduce, no estacionarse en doble fila, y otras infracciones que hace no menos de 15 días se resolvían con la clásica mordida, ahora son gravados con multas de un importe que va de los 5 a los 20 salarios mínimos, esto es de los $243.35 a los $973.40. Con lo cual se pretende disminuir la cantidad de accidentes automovilísticos. Pero considero, y aquí llega el otro pájaro muerto, que esta iniciativa no es más que una recaudación de dinero disfrazada, porque ya para el lunes 23 de julio, sólo tres días después de que se echó a andar el nuevo reglamento de tránsito, los medios de comunicación reportaban un aproximado de cinco mil multas, que si se calcula que en promedio se pagará unos $500 por multa tenemos una cantidad recaudada de $2,500,000, con los cuales financiar muchos de los nuevos programas del Gobierno del Distrito Federal, por ejemplo los resultados de la consulta verde.
Por eso también el afán de evitar las mordidas, claro que se puede disfrazar de combate a la corrupción, pero si el GDF deja que las multas se vayan en leves mordidas, su mordida será menor, así dice que lucha por una nueva cultura de vialidad y tránsito, al mismo tiempo que en contra de la corrupción, mientras bajo ese discurso obtienen cuantiosas cantidades de dinero. Sumado a esto es de considerarse el temor psicológico que crea el nuevo reglamente en los capitalinos, pues claro que no confiamos en los policías, y salimos obedeciendo a las calles no por la razón, sino por el temor, pues ya sabemos desde tiempo atrás que el monopolio de la violencia está en las manos del Estado, y se pensaba en la violencia física, aquella que decían era necesaria para mantener el orden, ahora sabemos que la violencia es también psicológica y hasta económica.
Así sin muchas complicaciones y jalando parejo, Ebrard obtendrán una cantidad considerable de recursos adicionales para su gobierno anualmente, disfrazando su nuevo reglamento de tránsito bajo una nueva cultura de vialidad y recordándonos que el monopolio de la violencia, en este caso psicológica, es del Estado.

martes, 26 de junio de 2007

DEMOCRACIA ¿REPRESENTATIVA?

Se dice que por medio de un procedimiento, de ahí también que se le llame democracia procedimental, se elige a nuestros, valga la redundancia, representantes, quienes como veremos más adelante son los encargados, en derecho, de velar por nuestros intereses, pero que de facto, dicha condición no se cumple, pues existe una, no digamos brecha, sino abismo entre representado y representantes. Por cierto los cargos de elección popular deben tener una duración breve, lo que los teóricos llaman circulación de los puestos, esto con la intención de que el mayor número de personas participen en el poder, caso que en México no se cumple, dado que los puestos no circulan entre las personas, las personas circulan entre los puestos.

Para elegir a estos supuestos representantes, que serán los facultados para la toma de decisiones, se aplica la regla de oro de la democracia, esto es la regla de la mayoría, regla que por demás tienen sus matices, pues en sentido estricto la mayoría no es la que está representada, sino la minoría mayoritaria, pues en un sistema pluripartidista, como es el caso de México, la votación no se divide estrictamente en mayoría, esto es la mitad más uno, sino en una serie de facciones que se reparten el 100% de la no tan copiosa emisión de sufragios, así tenemos que en el caso mexicano del año 2006, el partido en el poder que arregló las elecciones dice que ganó con 30 y tantos por ciento de los votos, lo que deja fuera a casi el 70% de los que intentaban ser representados. Y ya que se hace mención de los sufragios vale la pena mencionar lo que se llama igualdad política, que en su mínima acepción se traduce en “un ciudadano, un voto” cuestión que no se cumple cabalmente en lo hechos, autores como Arblaster (1992) plantean que para que exista una democracia plena, no sólo deben garantizarse la igualdad jurídica y política, sino que también dentro de ciertos rangos la igualdad económica, pues como iremos descubriendo una cosa es la democracia ideal y otra la real. Resumiendo existen poderes económicos sumamente importantes que pueden derrumbar a cualquier mayoría, preguntémosle a FCH. O para recurrir a un ejemplo pongo a consideración esta pregunta ¿qué consideras que tiene mayor influencia en la toma de decisiones de un político cualquiera, un millón de personas, o un millón de pesos? En este sentido se acepta la igualdad jurídica y política, pero se reclama la igualdad en la influencia y toma de decisiones.

Sobre las cuestiones de la democracia representativa cabe también mencionar, que los actores principales de la política han dejado de ser los ciudadanos comunes y corrientes, claro hablo de la política institucionalizada y gobernante, dado que este papel ha sido, ellos no utilizarían la palabra arrebatado, porque lo han justificado sumamente bien a nivel jurídico, por una serie de organizaciones que te dicen, si quieres hacer política, lo tienes que hacer a mi forma, porque de lo contrario estas fuera de la ley, preguntémosle al EZLN y a la APPO. Así son los partidos políticos los únicos capaces de postulara a personas para cargos de elección popular, a grandes rasgos el ciudadano, actor principalísimo en la que ahora se llama democracia directa, directa porque justo rompe con la mediación, mañosa dicho sea de paso, entre gobernantes y gobernados, queda fuera. Alguna otra justificación para dejar fuera del gobierno al pueblo, lo que en los inicios de la democracia moderna fue llamada al estilo “quico” ustedes lo conoces, chusma, y tal parece que esa barrera aun no se ha logrado romper, pues los gobernantes se aglutinan en una “clase”, no sé si superior o inferior, pero lo que sí se es que es una barrera amplia de saltar, y dicen que para pertenecer a ella hay que contar con una serie de conocimientos especializados en la materia, lo que se llama pues tecnócrata.

A esta formación de la clase política hay que sumarle lo que Bobbio (2005), no sé ingenuamente o sarcásticamente denomina LOS PODERES INVISBLES, digo que no me queda clara la intención, porque la visibilidad de los poderes fácticos a nivel mundial, es ya escalofriante, las empresas y medios de comunicación, que de facto son los mismo, pues éstas no cumplen con su carácter y responsabilidad social, se han apoderado cada vez más del gobierno de los países, y para muestra falta un botón, que para colmo dice COCA-COLA, pues nuestro ex presidente, no sólo pertenece un partido formado e impulsado por empresarios católicos, por si fuera poco, sino que ocupaba un puesto importante en la empresa ya antes mencionada.

Ahora que ya quedó bien expuesta la cuestión representativa, hablemos de lo que es la representación política y la representación de los intereses. Supuestamente aquel que ha llegado a un cargo de elección popular, pongamos el ejemplo de un diputado, debe velar por los interés del pueblo y de la nación antes que por los propios, y representar a todos, hasta a aquellos que no han votado por él. Cuestión por lo demás contradictoria, pues cómo ha de velar por los interese de alguien que no lo escogió, dado que si no lo escogió es porque sus intereses no son los mismos, o hasta contradictorios. Así pues el afán de velar por lo interese ajenos antes que por los propios, es lo que se llama representación política. La representación de los intereses, es una práctica menos altruista que la anterior, pero la más frecuente, esto es, que si un grupo de intereses, llamémosle, para que quede más claro “amigos de Fox” impulsa la candidatura que de su amigo, no lo hace por buena onda, por el contrario, porque quiere ver sus interese representados y multiplicados una vez que su amigo llegue al poder. Y este caso se repite a nivel de partido político, pues como sabemos estos son trampolines de colocación, así en realidad no se vela por lo interese generales de la nación, sino por los intereses particulares sea de empresas o de partidos.

A manera de una primera conclusión podemos anotar que los poderes fácticos o invisibles, para los que no los quieren ver, y sus representantes, han corrompido, suponiendo que en algún momento fue buena idea, la democracia representativa. Una vez que nos ha quedado claro, que la mayoría de nosotros ciudadanos a pie, no vamos, sobra decir si queremos o no, porque no se puede, a acceder nunca al ejercicio del gobierno, se puede hacer mención de lo que Joseph Schumpeter bien denominaba la lucha de élites por el poder. ¿Entonces están representados nuestros intereses en el ejercicio del gobierno? Aquellos, gobernantes dirían que sí, por ejemplo no gobernante, pero sí actor de la vida política de México, José Woldenberg, autor de un breve artículo, consultado para el presente trabajo, titulado los valores de la democracia, hace referencia, a la libertad, como la capacidad de autogobernarse o de autodeterminación. Los otros valores son, fraternidad e igualdad. En este sentido, nos considera muy tontos, pues dice los ciudadanos hemos participado de forma indirecta, indirectisisisíma diría yo, en la construcción y promulgación de las leyes, pues una vez electo nuestro supuestos representante lo hemos facultado para que legisle por nosotros, eso está claro, pero de ahí a que esto sea una capacidad de autoderminación, lo veo difícil.

lunes, 4 de junio de 2007

Consumo y posmodernidad

Debería resultar evidente ante los ojos de cualquier persona, cuando menos en la urbe, la cuestión de que su mundo inmediato, pertenece sin duda a otro aún más grande, pero ¿qué tan grande es ese otro mundo? la respuesta, aunque muy escondida y diluida, se encuentra justamente ante sus ojos casi en todo momento, en su andar por la vida cotidiana, la puede ver cuando va a comer algo en algún restaurante, cuando se asoma por la ventana y ve circulando aquel auto que le encanta y que desea, cuando compra un regalo de cumpleaños o simplemente cuando acude a alguna tienda de autoservicio a “hacer el súper”, en todas partes puede ver un poco de esa respuesta.
Basta con girar algún producto en el supermercado, digamos un tagliatelle italiano de espinacas, su empaque es muy vistoso y tiene un toque de elegancia que nos hace decir: - parece de muy buena calidad, ha de ser importado- leemos al reverso: Sólo hierva el agua y agregue, cocine por 2 o 3 minutos o hasta que esté al dente, enseguida y en letras muy pequeñas: Hecho en México. O qué tal que vamos caminando en un centro comercial y vemos en un aparador un suéter maravilloso de lana, diseñado por el más grande de los exponentes de la nueva ola del diseño francés, entramos al local para echarle un vistazo más de cerca y cuando vemos el precio, $1,650.00 pesos, decimos: - menos mal que podemos pagar con nuestra American Express, - y por esto quizá no nos sorprendemos mucho, pero sí lo hacemos cuando leemos Made in Vietnam.
Este “mundo” que nos contiene es tan grande como el mundo mismo, la famosa apertura de mercados no es más que la totalización de un sistema económico, político y cultural, ¿por qué hay cosas que se diseñan en un lugar, se fabrican en otro y se consumen en uno distinto? ¿por qué hay productos que puedo comprar más baratos en otros lugares si son la misma cosa? ¿por qué no todas las personas cuidan su piel con aquel tratamiento si es maravilloso?
En este texto abordaré la problemática del consumo como un momento de la reproducción social, cuya repercusión en el actuar de las personas se ve reflejada en el andar cotidiano, de forma irracional, subordinada al modo de producción capitalista.
El consumo es un momento de la reproducción social, la cual es proceso que se despliega en tres relaciones dinámicas:
producción - distribución / cambio - consumo
Este proceso está sometido al modo de producción capitalista, es decir, la totalidad de las relaciones que en éste se generan obedecen a los intereses del capitalismo. Entonces, los objetos de consumo, cualquiera que sea su índole, están subordinados a las necesidades de un modo de producción particular, en este caso (o sea, en el mundo en el que vivimos) el capitalismo tardío.
Hagamos pues un análisis de lo que es y lo que representa el consumo como lo conocemos. Lo primero que tenemos que observar es la forma en la que la gente practica el consumo, o lo que algunos llamarían el consumismo. El consumismo lo podemos describir de múltiples formas, Francisco Sánchez Legrán lo describe como la tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios. Esta concepción de consumismo postula entonces que todos somos consumistas, pues en algún momento de nuestra existencia adquirimos bienes no siempre necesarios, y quizá no representa la noción popular de que aquel que es consumista es una persona anormal que practica el consumo de forma nociva y que consume cosas inútiles en su mayoría; más bien el consumismo poco a poco ha transmutado en un consumo normal, convencional, cotidiano, no podemos negar que estamos en la cúspide del consumo exacerbado: todos somos consumidores, todos somos consumistas.
Pero ¿por qué somos consumistas? ¿por qué tenemos esa necesidad de gastar y adquirir en forma compulsiva objetos inútiles en su mayoría? Como ya he mencionado, el consumo está sometido a las exigencias de la producción, y por ende, los objetos y los símbolos que se consumen lo están también. Por eso tenemos que hablar inevitablemente, pero muy grosso modo, del fenómeno productivo en el capitalismo tardío y la relación que generó esta nueva actitud de consumo dentro de lo que algunos llaman posmodernidad.
En principio, hay que entender la posmodernidad como la lógica cultural de esta nueva fase del capitalismo. Ésta surge debido a la necesidad del capital de una nueva forma de consumo al enfrentarse a la posibilidad de una crisis que podría acabar consigo mismo.
Esta crisis del modo de producción capitalista llegará al momento en que se encuentre con sus límites geográficos, es decir, cuando el sistema capitalista haya logrado expandirse en la totalidad del planeta (Tierra). Jorge Veraza lo explica de la siguiente forma: “al alcanzar su límite geográfico, el capital experimentará –si no su muerte- una fuerte sensación de asfixia toda vez que la expansión geográfica es esencial a su modo de reproducción. Para hacer frente a esta situación, el sistema puede convertir la extensión geográfica de su vigencia en intensidad geográfica y funcional del intercambio y del consumo en los que se realiza el plusvalor que sirve a la acumulación del capital” . Esto quiere decir que el sistema capitalista, al verse imposibilitado de expandirse en el espacio, tiene que transformar la cantidad de territorio en intensidad de territorio, es decir, se tienen que intensificar los requerimientos de consumo tanto industrial como personal, esto es, debe acrecentar las capacidades de consumo dadas y crear nuevas necesidades, todo bajo la subordinación de la ganancia: intensificar el espacio geográfico. Para ello, debe remodelar fisiológica y psicológicamente a los seres humanos, y no sólo las condiciones espaciales, materiales y tecnológicas en las que vive. En otras palabras, el sistema capitalista se ve en la necesidad de cambiar los hábitos y estructuras sociales de los individuos para evitar una crisis que podría llevarlo a su muerte, el consumo (irracional) está pues, subordinado a las necesidades del sistema capitalista.
La posmodernidad entonces, surge como resultado de una necesidad del sistema capitalista para evitar su destrucción, pero como se ha expuesto en los párrafos anteriores, el sistema capitalista no tuvo cambios con la llegada de ésta, simplemente se dio cuenta de sus carencias y defectos, y en lugar de solucionarlos, ideó una forma para sacarles provecho. Los ideales del capitalismo moderno no pudieron ser cumplidos: progreso, igualdad, abundancia; entonces se inventó la posmodernidad, una modernidad con otro nombre, el mismo sistema con las mismas condiciones, salvo, claro está, el incumplimiento de sus promesas.
La posmodernidad sin embargo, plantea, entre otras, una nueva condición en el hombre: el consumo irracional. Gilles Lipovetsky describe acertadamente algunas de las nuevas conductas que generan este comportamiento irracional en los individuos. Particularmente me interesa recuperar sus ideas sobre narcisismo, seducción e indiferencia, cuya praxis suele generar hedonismo.
Ya en la modernidad se ve al individuo como el núcleo autónomo más minúsculo de la sociedad . En la posmodernidad, surge una nueva etapa del individualismo: el narcisismo, una nueva forma en la que el hombre y la mujer conciben como nunca antes su relación con ellos mismos y con los demás, con su cuerpo, el tiempo y el mundo, surge un individualismo puro, desprovisto de valores sociales y morales, en el paso de un capitalismo autoritario a uno hedonista y complacienteæ este paso lo podemos interpretar como la ocasión en la cual el sistema capitalista tuvo que generar un cambio en las estructuras sociales e individuales para intensificar el espacio geográficoæ. En palabras del propio Lipovetsky, “Emancipada de cualquier marco trascendental, la propia esfera privada cambia de sentido, expuesta como está únicamente a los deseos cambiantes de los individuos” . Es decir, el sistema capitalista fomenta en los individuos una necesidad de autosatisfacción y promueve una actitud de indiferencia pura, una especie de nihilismo afable y cínico, que sin embargo siempre anda en busca de placer. El hedonismo es entonces, precisamente, una condición del funcionamiento y la expansión del sistema capitalista.
Entonces la seducción llega como instrumento alienante a sobremultiplicar las elecciones que la sobreproducción hace posibles. Se cierra el círculo. Los individuos tienen necesidades de consumo y con ello se presenta toda una gama de objetos que pueden ser consumidos, hay uno especial para cada quien.
Los mass media contribuyen a la dinámica de este proceso, ayudan a implantar el poder de elección como el discurso dominante mediante su abanico informático, según Naomi Klein, esto se logra principalmente a través de dos procesos: expansión y saturación del espacio, a partir de la creación de marcas y publicidad.
La elección como discurso dominante es un cuento que todavía no entendemos colectivamente, si lo hiciéramos, las cosas serían muy diferentes. En palabras de Vanesa Pérez Tapia, “La elección no es pepsi o coca, por ejemplo, la verdadera elección partiría de la plena conciencia (esto es, conocimiento) del objeto de consumo y de las consecuencias de consumirlo; la elección parte del conocimiento de lo otro y de mi, del objeto y del sujeto: de qué es lo que necesito para reproducirme, de cómo quiero reproducirme y de si ese objeto me sirve o no para reproducirme satisfactoriamente”. No basta con tener la posibilidad de elegir tal o cual objeto para consumirlo, se trata de saber las consecuencias que puede producir dicho consumo para mi propio bienestar. Las dimensiones de esta afirmación van desde el simple conocimiento de que comer mucha azúcar no es saludable, o de que este alimento está modificado genéticamente y no sé cuales pudieran ser las consecuencias de su consumo, o que no sé cual es la relación de los accionistas de una corporación de comida rápida con la industria bélica de alimentos, y la decisión de que esas no son las condiciones que quiero para mi reproducción.
El consumo en el capitalismo tardío, o posmodernidad, o sociedad de consumo resulta, sin duda, un proceso sumamente complejo cuyo fin último es la reproducción del sistema capitalista y la acumulación de capital. Pero lo más importante es darnos cuenta de que el medio para conseguir este fin es la alienación, la represión de las personas, pues al final de cuentas, los objetos de consumo que tenemos a nuestra disposición han sido producidos bajo la subordinación del sistema que quiere reproducirse, y entonces habrá que cuestionarlos, pues la producción de estos objetos tiene en sí misma la aprobación de lo que el sistema considera que debe ser una necesidad, y en palabras de Marcuse, “siguen siendo productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión” .
Sin embargo, este sistema es dinámico y multidireccional, es decir, no somos seres inconscientes incapaces de insubordinarnos a la represión, podemos elegir racionalmente y consumir de forma responsable en congruencia con las formas de reproducción que satisfagan nuestras (en plural) necesidades.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Escozor venezolano

A mi parecer, el imaginario que el promedio de los mexicanos tiene sobre lo que está pasando en Venezuela es lamentable, lo que le debemos agradecer a la excelente labor realizada por los medios masivos de (des) información. Dada esta situación, ahí les van dos videos. El primero, un documental realizado por un grupo de periodistas irlandeses, que lleva por título The revolution will not be televised,; aquí se nos muestra lo que pasó aquel 11 de abril de 2002, en el que, como algunos recordarán vagamente, nuestros queridos medios anunciaron que los venezolanos se habían levantado contra el régimen "tiránico" chavizta que acababa de matar a disidentes pacíficos. Patrañas, mentiras, que tristemente han conformado el imaginario mexicano respecto de lo que pasa en Venezuela. ¿Se preguntan por qué Chávez está quitándole el día de hoy a los dueños de la RCTV (la televisa o la Tv Azteca de esos lares) la concesión de la transmisión? Pues este documental, pero sobre todo el segundo, llamado La señal es de todos y realizado por medios alternativos venezolanos nos ofrecen la respuesta:







lunes, 29 de enero de 2007

La democracia en el capitalismo

Este texto pretende ser una primer aproximación a la crítica del concepto hegemónico sobre la democracia, reflejo de la democracia que es. O sea, el concepto más ampliamente aceptado en la teoría y en la práctica. A esta forma de comprender y practicar la democracia -que es alabada por nuestros televisores y medios masivos de comunicación- la podemos adjetivar como burguesa, o representativa-procedimental, y podemos decir también que dota de una estructura política común a países tan diversos como Estados Unidos, Alemania, España, México, Colombia, etc. Ahora bien, me parece pertinente señalar desde ahora lo siguiente. Sentenciamos a la mencionada democracia: culpable –junto a la pandilla de estructuras hegemónicas actuales y su líder- de coadyuvar a generar y regenerar, la continuidad de la dominación, enajenación y explotación de la mayor parte del género humano, así como la destrucción de la naturaleza; aunados, el mayor de los crímenes para quien no es suicida ni asesino.

En México, la democracia en cuestión comenzó a gestarse a finales de la década de los 60, gracias a la lucha que diversos grupos de la sociedad -muy distantes entre sí en cuanto a sus fines últimos- mantuvieron en contra del régimen por la obtención del derecho a disentir y a participar en la vida política institucional; para el año 2000 la democracia burguesa fue dada a luz con la primer derrota Priísta en una elecciones presidenciales, síntoma innegable de transición a una nueva fase de dominación político económica del sistema capitalista en el país. Hoy día, Calderón y Obrador encabezan proyectos de nación antagónicos, en ciertas dimensiones: el segundo, por bosquejar una imagen, representa un tímido rechazo a las formas del capitalismo neoliberal, opta por una forma capitalista-nacionalista y apela al sentido de justicia social, a un capitalismo "humanitario", o lo que es lo mismo, a una explotación dirigida por esclavistas "bondadosos"; Calderón por su parte encarna la venta descarada del país a los dueños del capital extranjero, eufemísticamente presentada como un proyecto de generación de empleo, incentivación de la competitividad, modernización con manos limpias, etc. Si quisiéramos encontrar algo en común entre ambos personajes de la clase política de este país, en definitiva, podríamos mencionar lo siguiente: el consenso -con sus respectivas diferencias al interior de lo idéntico- en perpetuar la práctica del tipo de democracia que aquí intentamos criticar, la cual, tiene como fin último mantener las estructuras fundamentales de las relaciones político-económicas existentes; las reglas básicas del capitalismo, reinantes desde almenos principios del siglo XVII. Así pues, ambos políticos, comparten el supuesto central: que el llamado desarrollo de la nación tiene que pensarse al interior del sistema capitalista globalizado y de sus formas democráticas, sea bajo el modelo neoliberal o bajo modelos inspirados en el llamado Estado de bienestar.

Como dije, la democracia burguesa es promovida y aplaudida, implícitamente o explícitamente, por los medios masivos de comunicación del capitalismo, así como por un nutrido grupo de "intelectuales". Quienes apoyan este tipo de democracia manejan, entre otros, un par de presupuestos quiméricos, de concepciones falsa tomadas y vendidas como verdad: 1) Que la política tiene como fin la consecución del poder y 2) Que el capitalismo es inexorable e inmutable en otra forma de organización social. Para las plumas y voces que defienden estos supuestos, a lo sumo, se podría hablar de una constante reformulación del capitalismo –la cual puede reflejarse positiva o negativamente en la calidad de vida de las mayorías-. Para ellos, los sistemas políticos de régimen democrático no deben ocuparse de manera primordial por mejorar la vida de las mayorías. No; la principal función de estos es más bien la de elegir, por medio de un supuesto respeto a la decisión de las mayorías, que fracción de una elite político económica debe encargarse de administrar la vida de una nación, comprometida con el desarrollo del mercado capitalista mundial, presunta fuente de todo lo bueno que podamos imaginar.

Ahora bien, existe otro tipo de literatura elaborada por autores explícitamente anticapitalistas, en absoluto publicitada por los medios de comunicación, que parte de presupuestos muy distintos: 1) Que el objetivo de la política debe ser generar y reproducir una vida digna para la humanidad en su conjunto, buscando el equilibrio con la naturaleza; 2) Por tanto, la sociedad capitalista o burguesa al no tener ese objetivo como el elemento central de su razón de ser, erigiendo en cambio el objetivo de generar una lucha entre privados por la obtención de la mayor acumulación posible de capital, debe de ser trascendida en orden de preservar a la naturaleza y a la humanidad.

Así pues desde el marco de referencia de una racionalidad orientada por la ética del bien común y la justicia –y no por los intereses privados, o por el cálculo medio-fin de una minoría con poder- el capitalismo puede y debe ser reemplazado por maneras distintas de organización que den, por ejemplo, otro contenido y otra forma a la democracia. Enrique Dussel, Beatriz Stolowicz, Boaventura de Sousa y Heinz Dieterich son algunos de los autores que podríamos ubicar aquí. En lo que sigue, intentaré dejar en claro cuales son algunas de las características que identifican a la democracia burguesa, partiendo principalmente de un análisis de los argumentos esgrimidos por Robert Dahl uno de los "académicos" que han contribuido a forjarle. Ello lo realizaré recuperando algunos de los argumentos expuestos por el conjunto de autores arriba mencionados


LA DEMOCRACIA SEGÚN EL DISCURSO ACADÉMICO HEGEMÓNICO:

Hay que comenzar mencionando que Robert Dahl1 fue parte activa del debate que se generó durante el siglo XX entorno a la democracia, del cual, surgió el discurso y la práctica hegemónica sobre la misma que se cimienta en dos conclusiones complementarias: 1) abandonar el papel de la movilización social y la acción colectiva en la construcción democrática y 2) mantener una solución elitista de la democracia en la que se de una representación sin participación. Las democracias reales reafirmaron así su forma liberal, representativa, elitistas y eurocentrica2. Al igual que la mayoría de los autores, Dahl comienza definiendo la democracia como un principio procedimental, un método de toma de decisiones que de hecho prefiere llamar poliarquía o democracia política. Esto es sin duda correcto, pero se transforma en un argumento erróneo cuando no se aclara respecto de qué es que se tomarán las decisiones. La democracia aparece como un método para tomar elecciones, pero en abstracto, es decir, sin ocuparse por las relaciones que se guardan con los objetivos existentes: elegir esclavistas-administradores.


Desde el punto de vista del señor Dahl, el gobierno democrático se caracteriza por su continua aptitud para responder a las preferencias de sus ciudadanos, sin establecer diferencias políticas entre ellos, esta disposición del gobierno debe de ir acompañada de dos dimensiones de democratización: 1) la existencia de crítica y disenso público amplios y 2) una creciente participación e inclusión en la vida política. En otra palabras estamos hablando de una liberalización del régimen político y de un acceso a la representación. Desde la lógica de este autor, el régimen de un sistema político ya es democrático si existe respeto por parte del gobierno a las preferencias de la mayoría de los ciudadanos. Para que esto se de, propone siete garantías que permiten formular y manifestar las preferencias, y también, recibir -supuestamente- igualdad de trato por parte del gobierno en la ponderación de estas. Las garantías son: libertad de asociación, de expresión, de voto, de competencia electoral, diversidad de fuentes informativas, elegibilidad para la cosa pública, instituciones que garanticen que la política del gobierno dependa de los votos y demás formas de expresar las preferencias.

La conceptualización que hace Dahl sobre la democracia se nos aparece nítida y transparente; bajo cierta interpretación de estos argumentos, podrían calificarse de democráticos muchos sistemas políticos, México incluido. Pero, la transparencia de este discurso, no es sino mera apariencia que emana de una aproximación formalista, abstracta, a la cuestión democrática. En efecto, su disertación sobre la democracia se limita al plano formal, con lo que, por ejemplo, se ocultan las asimetrías de poder y el acceso diferencial que en lo concreto se generan en el despliegue de las mentadas garantías que esgrime. Se omite, también, que cuando la preferencia de las mayorías se refiere a la erradicación del capitalismo, el gobierno “democrático” actúa mostrando sin pudor sus diferencias políticas respecto de esa preferencia, que en última instancia no se desea cumplir, pues los gobernantes tienen intereses y preferencias propias, las cuales, van a defender frente a las preferencias que pongan las suyas en peligro. Así entonces, las garantías para la formulación y manifestación de las preferencias de las que nos habla Dahl tienen un límite tácito: Si la preferencia pone en riego el orden existente en su conjunto, entonces, desde la cúpula de poder económico-político se tratan de generar acciones que creen asimetrías en el acceso a las garantías democráticas. Por otro lado, surgen algunas preguntas ¿Qué pasa si las preferencias mayoritarias son ilegítimas, es decir anti-éticas ? ¿Y si se generan mediante alineación, es decir, mediante la constitución de sujetos que se comportan más bien como objetos?

En fin, la cuestión es que Dahl abona a la forma hegemónica de entender la democracia, la cual como señala Stolowicz, se concibe así misma tan solo como un método para administrar políticamente las relaciones existentes de poder, para conservarlas mediante la elección de representantes de entre una clase política elitista, que sobre la base de un acuerdo de conservar el orden social, toma las decisiones por la mayoría3. Al entender la democracia únicamente en términos procedimentales se niega, como señalan Dusssel y Dieterich4, lo que el primero llama principio material, es decir, el deber de los gobiernos de las comunidades políticas de producir, reproducir y aumentar de manera digna la vida de todos los miembros de la comunidad a la que se representa y en último término de la humanidad y la naturaleza en su conjunto. Este principio, simplemente es la antinomia del que rige actualmente, la lógica de la producción y reproducción de la modernidad capitalista: una lucha entre privados por la obtención de la mayor acumulación posible de capital, mediante la producción y venta de mercancías - que en su forma y contenido terminan por ser un reflejo fiel de esta lucha.

En resumen, la preocupación de la democracia burguesa es en realidad la de conservar, con ciertos grados de legitimidad, mecanismos de dominación que resguarden los privilegios capitalistas. Estamos así frente a la democracia gobernable, expresión político administrativa de la búsqueda de la estabilidad del sistema capitalista, de su dominación, explotación y alienación; un modelo de relaciones políticas que trata de controlar estallidos revueltas o revoluciones populares y a la par intenta mantener y resguardar los privilegios capitalistas. Por lo anterior, creemos que las crisis de gobernabilidad pueden ser de hecho el inicio para la construcción de otro tipo de democracia, y de sociedad en general -como en el caso de Venezuela y Bolivia-. Así pues, mediante una compleja regulación de las reivindicaciones y preferencias de los miembros de la comunidad política, en la que se atienden algunas, pero a la par se ignoran otras o incluso se reprimen, la democracia se convierte en uno de los principales elementos para generar y regenerar la dominación del statu quo: el capitalismo neoliberal. En conclusión, ésta noción de democracia, a la que hemos comenzado a criticar aquí, oculta detrás de una máscara formalista-abstracta su verdadero rostro: legitimación del orden social existente.

1 Todos los argumentos de Dahl que se exponen aquí fueron tomados de: Dahl, Robert, La poliarquía. Participación y oposición, Madrid, Tecnos, 1989, 13-26

2 El debate sobre la democracia al que me refiero, que va de Schmitt a Manin pasando por Scumpetter, Kelsen, Dahl, etc, es resumido brillantemente en: Boaventura de Souza, Democratizar la democracia, México, FCE, 35 – 69.
3 Todas las referencias a Stolowicz son tomadas de Revista venezolana de economía y ciencias sociales, 2001,vol.7 49-66.
4 De estos autores se consultó: Dieterich Heinz, Teoría y praxis del nuevo proyecto histórico, 105-133
y Dussel Enique, Política de la liberación , inédito, capitulo: El principio democrático

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Fragmento de La Corporación:

La Corporación, dirigida por Mark Achbar, Jennifer Abbot y Joel Bakam es un muy buen documental. Lamentablemente, a mi parecer, no cumple con el fin primordial que debe perseguir un trabajo de este tipo: comunicar satisfactoriamente una manera de observar la realidad y una manera de actuar en consecuencia. Sirve mucho mejor como una fuente de reflexión para todo tipo de "iniciados", pero no para iniciar. Bueno, al menos eso es lo que las experiencias que he conocido me han dejado observar. El fragmento que pego a continuación nos muestra 8 comentarios. En el primero, un cínico sujeto (objeto) nos expone como es que los "especuladores" contribuyen a dar realidad a la valorización del valor, a la acumulación de capital, racionalidad suprema de esta sociedad; aquélla que por el afán de acumular por acumular el símbolo que representa al valor, es capaz de cortar la rama en la cual está sentada: el planeta tierra y sus habitantes. Por supuesto, esta lógica muestra sus efectos "secundarios" principalmente en el tercer mundo .
En el segundo y tercer comentario se plantea un hecho: las Corporaciones cotidianamente quebrantan la ley, la legalidad, mientras que -situación que no se plantea- comunmente sus dirigentes suelen condenar a varios grupos sociales por hacer lo mismo, aunque con fines radicalmente opuestos. En cuarto lugar tenemos a un capitalista "arrepentido". La metáfora que plantea me parece interesante: nuestra civilización no está volando porque no está diseñada atendiendo a las leyes que permiten tal hazaña. Al contrario, atiende a otras totalmente irracionales en relación al fin: volar, es decir, generar una vida material digna para el conjunto de la humanidad que permita la emancipación humana, en una relación de equilibrio con la naturaleza. El quinto sujeto señala que si analizamos las acciones de las corporaciones a partir de un diagnóstico de patología de la personalidad tendremos ante nosotros el perfíl de un psicópata. En sexto lugar vemos a Milton Fridman, uno de los padres de la teoría económica neoliberal, enunciando sus "ideas", con las cuales ayudó a crear esta fase del capitalismo. En séptimo, aparece Noam Chomsky hablándonos un poco sobre la condición moral del ser humano, finalmente, aparece un sujeto tocando de nueva cuenta este tema y su relación con las corporaciones. En fin, aquí está: