lunes, 14 de marzo de 2011

Apuntes sobre las guerras, inicio del intercambio epistolar sobre Ética y Política

Subcomandante Insurgente Marcos

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL MÉXICO.

Enero-Febrero del 2011.

Para: Don Luis Villoro. De: Subcomandante Insurgente Marcos.

Doctor, saludos.

Esperamos de veras que se encuentre mejor de salud y que tome estas líneas no sólo como vaivén de ideas, también como un abrazo cariñoso del todo que somos.

Le agradecemos el haber aceptado participar como corresponsal en este intercambio epistolar. Esperamos que de él surjan reflexiones que nos ayuden, allá y acá, a tratar de entender el calendario que padece nuestra geografía, es decir, nuestro México.

Permítame iniciar con una especie de esbozo. Se trata de ideas, fragmentadas como nuestra realidad, que pueden seguir su camino independiente o irse enlazando como una trenza (que es la mejor imagen que he encontrado para “dibujar” nuestro proceso de reflexión teórica), y que son producto de nuestra inquietud sobre lo que ocurre actualmente en México y en el mundo.

Y aquí inician estos apuntes apresurados sobre algunos temas, todos ellos relacionados con la ética y la política. O más bien sobre lo que nosotros alcanzamos a percibir (y a padecer) de ellos, y sobre las resistencias en general, y nuestra resistencia particular. Como es de esperar, en estos apuntes, el esquematismo y la reducción reinarán, pero creo que alcanzan para dibujar una o muchas líneas de discusión, de diálogo, de reflexión crítica.

Y de esto es precisamente de lo que se trata, de que la palabra vaya y venga, sorteando retenes y patrullajes militares y policíacos, de nuestro acá hasta su allá, aunque luego pasa que la palabra se va para otros lados y no importa si alguien la recoge y la lanza de nuevo (que para eso son las palabras y las ideas).

Aunque el tema en el que nos hemos puesto de acuerdo es el de Política y Ética, tal vez son necesarios algunos rodeos o, más mejor, aproximaciones desde puntos aparentemente distantes.

Y, puesto que se trata de reflexiones teóricas, habrá que empezar por la realidad, por lo que los detectives llaman “los hechos”.

En “Escándalo en Bohemia”, de Arthur Conan Doyle, el detective Sherlock Holmes le dice a su amigo, el Doctor Watson: “Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a deformar los hechos para que se ajusten a las teorías, en lugar de ajustar las teorías a los hechos”.

Podríamos empezar entonces por una descripción, apresurada e incompleta, de lo que la realidad nos presenta de la misma forma, es decir, sin anestesia alguna, y recabar algunos datos. Algo así como intentar reconstruir no sólo los hechos sino la forma en la que tomamos conocimiento de ellos.

Y lo primero que aparece en la realidad de nuestro calendario y geografía es una antigua conocida de los pueblos originarios de México: La Guerra.

I.- LAS GUERRAS DE ARRIBA.

“Y en el principio fueron las estatuas”.

Así podría iniciar un ensayo historiográfico sobre la guerra, o una reflexión filosófica sobre la real paridora de la historia moderna. Porque la estatuas bélicas esconden más de lo que muestran. Erigidas para cantar en piedra la memoria de victorias militares, no hacen sino ocultar el horror, la destrucción y la muerte de toda guerra. Y las pétreas figuras de diosas o ángeles coronados con el laurel de la victoria no sólo sirven para que el vencedor tenga memoria de su éxito, también para forjar la desmemoria en el vencido.

Pero en la actualidad esos espejos rocosos se encuentran en desuso. Además de ser sepultados cotidianamente por la crítica implacable de aves de todo tipo, han encontrado en los medios masivos de comunicación un competidor insuperable.

La estatua de Hussein, derribada en Bagdad durante la invasión norteamericana a Irak, no fue sustituida por una de George Bush, sino por los promocionales de las grandes firmas trasnacionales. Aunque el rostro bobo del entonces presidente de Estados Unidos bien podía servir para promover comida chatarra, las multinacionales prefirieron autoerigirse el homenaje de un nuevo mercado conquistado. Al negocio de la destrucción, siguió el negocio de la reconstrucción. Y, aunque las bajas en las tropas norteamericanas siguen, lo importante es el dinero que va y viene como debe ser: con fluidez y en abundancia.

La caída de la estatua de Saddam Hussein no es el símbolo de la victoria de la fuerza militar multinacional que invadió Irak. El símbolo está en el alza en las acciones de las firmas patrocinadoras.

“En el pasado fueron las estatuas, ahora son las bolsas de valores”.

Así podría seguir la historiografía moderna de la guerra.

Pero la realidad de la historia (ese caótico horror mirado cada vez menos y con más asepsia), compromete, pide cuentas, exige consecuencias, demanda. Una mirada honesta y un análisis crítico podrían identificar las piezas del rompecabezas y entonces escuchar, como un estruendo macabro, la sentencia:

“En el principio fue la guerra”.

La Legitimación de la Barbarie.

Quizá, en algún momento de la historia de la humanidad, el aspecto material, físico, de una guerra fue lo determinante. Pero, al avanzar la pesada y torpe rueda de la historia, eso no bastó. Así como las estatuas sirvieron para el recuerdo del vencedor y la desmemoria del vencido, en las guerras los contendientes necesitaron no sólo derrotar físicamente al contrario, sino también hacerse de una coartada propagandística, es decir, de legitimidad. Derrotarlo moralmente.

En algún momento de la historia fue la religión la que otorgó ese certificado de legitimidad a la dominación guerrera (aunque algunas de las últimas guerras modernas no parecen haber avanzado mucho en ese sentido)- Pero luego fue necesario un pensamiento más elaborado y la filosofía entró al relevo.

Recuerdo ahora unas palabras suyas: “La filosofía siempre ha tenido una relación ambivalente con el poder social y político. Por una parte, tomó la sucesión de la religión como justificadora teórica de la dominación. Todo poder constituido ha tratado de legitimarse, primero en una creencia religiosa, después en una doctrina filosófica. (…) Tal parece que la fuerza bruta que sustenta al dominio carecería de sentido para el hombre si no se justificara en un fin aceptable. El discurso filosófico, a la releva de la religión, ha estado encargado de otorgarle ese sentido; es un pensamiento de dominio.” (Luis Villoro. “Filosofía y Dominio”. Discurso de ingreso al Colegio Nacional. Noviembre de 1978).

En efecto, en la historia moderna esa coartada podía llegar a ser tan elaborada como una justificación filosófica o jurídica (los ejemplos más patéticos los ha dado la Organización de las Naciones Unidas, ONU). Pero lo fundamental era, y es, hacerse de una justificación mediática.

Si cierta filosofía (siguiéndolo, Don Luis: el “pensamiento de dominio” en contraposición al “pensamiento de liberación”) relevó a la religión en esa tarea de legitimación, ahora los medios masivos de comunicación han relevado a la filosofía.

¿Alguien recuerda que la justificación de la fuerza armada multinacional para invadir Irak era que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva? Sobre eso se construyó un gigantesco andamiaje mediático que fue el combustible para una guerra que no ha terminado aún, al menos en términos militares. ¿Alguien recuerda que nunca se encontraron tales armas de destrucción masiva? Ya no importa si fue mentira, si hubo (y hay) horror, destrucción y muerte, perpetrados con una coartada falsa.

Cuentan que, para declarar la victoria militar en Irak, George W. Bush no esperó los informes de que se habían encontrado y destruido esas armas, ni la confirmación de que la fuerza multinacional controlaba ya, si no todo el territorio iraquí, sí al menos sus puntos nodales (la fuerza militar norteamericana se encontraba atrincherada en la llamada “zona verde” y ni siquiera podía aventurarse a salir a los barrios vecinos –véanse los estupendos reportajes de Robert Fisk para el periódico británico “The Independent”-).

No, el informe que recibió Washington y le permitió dar por terminada la guerra (que por cierto no termina aún), llegó de los consultores de las grandes trasnacionales: el negocio de la destrucción puede dar paso al negocio de la reconstrucción (sobre esto véanse los brillantes artículos de Naomi Klein en el semanario estadounidense “The Nation”, y su libro “La Doctrina del Shock”).

Así, lo esencial en la guerra no es sólo la fuerza física (o material), también es necesaria la fuerza moral que, en estos casos, es proporcionada por los medios masivos de comunicación (como antes por la religión y la filosofía).

La Geografía de la Guerra Moderna.

Si el aspecto físico lo referimos a un ejército, es decir, a una organización armada, mientras más fuerte es (es decir, mientras más poder de destrucción posee), más posibilidades de éxito tiene.

Si es el aspecto moral referido a un organismo armado, mientras más legítima es la causa que lo anima (es decir, mientras más poder de convocatoria tiene), entonces mayores son las posibilidades de conseguir sus objetivos.

El concepto de guerra se amplió: se trataba de no sólo de destruir al enemigo en su capacidad física de combate (soldados y armamento) para imponer la voluntad propia, también era posible destruir su capacidad moral de combate, aunque tuviera aún suficiente capacidad física.

Si las guerras se pudieran poner únicamente en el terreno militar (físico, ya que en esa referencia estamos), es lógico esperar que la organización armada con mayor poder de destrucción imponga su voluntad al contrario (tal es el objetivo del choque entre fuerzas) destruyendo su capacidad material de combate.

Pero ya no es posible ubicar ningún conflicto en el terreno meramente físico. Cada vez más es más complicado el terreno en el que las guerras (chicas o grandes, regulares o irregulares, de baja, mediana o alta intensidad, mundiales, regionales o locales) se realizan.

Detrás de esa gran e ignorada guerra mundial (“guerra fría” es como la llama la historiografía moderna, nosotros la llamamos “la tercera guerra mundial”), se puede encontrar una sentencia histórica que marcará las guerras por venir.

La posibilidad de una guerra nuclear (llevada al límite por la carrera armamentista que consistía, grosso modo, en cuántas veces se era capaz de destruir el mundo) abrió la posibilidad de “otro” final de un conflicto bélico: el resultado de un choque armado podía no ser la imposición de la voluntad de uno de los contrincantes sobre el otro, sino que podía suponer la anulación de las voluntades en pugna, es decir, de su capacidad material de combate. Y por “anulación” me refiero no sólo a “incapacidad de acción” (un “empate” pues), también (y sobre todo) a “desaparición”.

En efecto, los cálculos geomilitares nos decían que en una guerra nuclear no habría vencedores ni vencidos. Y más aún, no habría nada. La destrucción sería tan total e irreversible que la civilización humana dejaría su paso a la de las cucarachas.

El argumento recurrente en las altas esferas militares de las potencias de la época era que las armas nucleares no eran para pelear una guerra, sino para inhibirla. El concepto de “armamento de contención” se tradujo entonces al más diplomático de “elementos de disuasión”.

Reduciendo: la doctrina “moderna” militar se sintetizaba en: impedir que el contrario imponga su voluntad mayor (o “estratégica”), equivale a imponer la propia voluntad mayor (“estratégica”), es decir, desplazar las grandes guerras hacia las pequeñas o medianas guerras. Ya no se trataba de destruir la capacidad física y/o moral de combate del enemigo, sino de evitar que la empleara en un enfrentamiento directo. En cambio, se buscaba redefinir los teatros de la guerra (y la capacidad física de combate) de lo mundial a lo regional y local. En suma: diplomacia pacífica internacional y guerras regionales y nacionales.

Resultado: no hubo guerra nuclear (al menos todavía no, aunque la estupidez del capital es tan grande como su ambición), pero en su lugar hubo innumerables conflictos de todos los niveles que arrojaron millones de muertos, millones de desplazados de guerra, millones de toneladas métricas de material destruido, economías arrasadas, naciones destruidas, sistemas políticos hechos añicos… y millones de dólares de ganancia.

Pero la sentencia estaba dada para las guerras “más modernas” o “posmodernas”: son posibles conflictos militares que, por su naturaleza, sean irresolubles en términos de fuerza física, es decir, en imponer por la fuerza la voluntad al contrario.

Podríamos suponer entonces que se inició una lucha paralela SUPERIOR a las guerras “convencionales”. Una lucha por imponer una voluntad sobre la otra: la lucha del poderoso militarmente (o “físicamente” para poder transitar al microcosmos humano) por evitar que las guerras se libraran en terrenos donde no se pudieran tener resultados convencionales (del tipo “el ejército mejor equipado, entrenado y organizado será potencialmente victorioso sobre el ejército peor equipado, entrenado y organizado”). Podríamos suponer, entonces, que en su contra está la lucha del débil militarmente (o “físicamente”) por hacer que las guerras se libraran en terrenos donde el poderío militar no fuera el determinante.

Las guerras “más modernas” o “posmodernas” no son, entonces, las que ponen en el terreno armas más sofisticadas (y aquí incluyo no sólo a las armas como técnica militar, también las tomadas como tales en los organigramas militares: el arma de infantería, el de caballería, el arma blindada, etc.), sino las que son llevadas a terrenos donde la calidad y cantidad del poder militar no es el factor determinante.

Con siglos de retraso, la teoría militar de arriba descubría que, así las cosas, serían posibles conflictos en los que un contrincante abrumadoramente superior en términos militares fuera incapaz de imponer su voluntad a un rival débil.

Sí, son posibles.

Ejemplos en la historia moderna sobran, y las que ahora me vienen a la memoria son de derrotas de la mayor potencia bélica en el mundo, los Estados Unidos de América, en Vietnam y en Playa Girón. Aunque se podrían agregar algunos ejemplos de calendarios pasados y de nuestra geografía: las derrotas del ejército realista español por las fuerzas insurgentes en el México de hace 200 años.

Sin embargo, la guerra está ahí y sigue ahí su cuestión central: la destrucción física y/o moral del oponente para imponer la voluntad propia, sigue siendo el fundamento de la guerra de arriba.

Entonces, si la fuerza militar (o física, reitero) no sólo no es relevante sino que se puede prescindir de ella como variable determinante en la decisión final, tenemos que en el conflicto bélico entran otras variables o algunas de las presentes como secundarias pasan a primer plano.

Esto no es nuevo. El concepto de “guerra total” (aunque no como tal) tiene antecedentes y ejemplos. La guerra por todos los medios (militares, económicos, políticos, religiosos, ideológicos, diplomáticos, sociales y aún ecológicos) es el sinónimo de “guerra moderna”.

Pero falta lo fundamental: la conquista de un territorio. Es decir, que esa voluntad se impone en un calendario preciso sí, pero sobre todo en una geografía delimitada. Si no hay un territorio conquistado, es decir, bajo control directo o indirecto de la fuerza vencedora, no hay victoria.

Aunque se puede hablar de guerras económicas (como el bloqueo que el gobierno norteamericano mantiene contra la República de Cuba) o de aspectos económicos, religiosos, ideológicos, raciales, etc., de una guerra, el objetivo sigue siendo el mismo. Y en la época actual, la voluntad que trata de imponer el capitalismo es destruir/despoblar y reconstruir/reordenar el territorio conquistado.

Sí, las guerras ahora no se conforman con conquistar un territorio y recibir tributo de la fuerza vencida. En la etapa actual del capitalismo es preciso destruir el territorio conquistado y despoblarlo, es decir, destruir su tejido social. Hablo de la aniquilación de todo lo que da cohesión a una sociedad.

Pero no se detiene ahí la guerra de arriba. De manera simultánea a la destrucción y el despoblamiento, se opera la reconstrucción de ese territorio y el reordenamiento de su tejido social, pero ahora con otra lógica, otro método, otros actores, otro objetivo. En suma: las guerras imponen una nueva geografía.

Si en una guerra internacional, este proceso complejo ocurre en la nación conquistada y se opera desde la nación agresora, en una guerra local o nacional o civil el territorio a destruir/despoblar y reconstruir/reordenar es común a las fuerzas en pugna.

Es decir, la fuerza atacante victoriosa destruye y despuebla su propio territorio.

Y lo reconstruye y reordena según su plan de conquista o reconquista.

Aunque si no tiene plan… entonces “alguien” opera esa reconstrucción – reordenamiento.

Como pueblos originarios mexicanos y como EZLN algo podemos decir sobre la guerra. Sobre todo si se libra en nuestra geografía y en este calendario: México, inicios del siglo XXI… II.- LA GUERRA DEL MÉXICO DE ARRIBA.

“Yo daría la bienvenida casi a cualquier guerra porque creo que este país necesita una”. Theodore Roosevelt.

Y ahora nuestra realidad nacional es invadida por la guerra. Una guerra que no sólo ya no es lejana para quienes acostumbraban verla en geografías o calendarios distantes, sino que empieza a gobernar las decisiones e indecisiones de quienes pensaron que los conflictos bélicos estaban sólo en noticieros y películas de lugares tan lejanos como… Irak, Afganistán,… Chiapas.

Y en todo México, gracias al patrocinio de Felipe Calderón Hinojosa, no tenemos que recurrir a la geografía del Medio Oriente para reflexionar críticamente sobre la guerra. Ya no es necesario remontar el calendario hasta Vietnam, Playa Girón, siempre Palestina.

Y no menciono a Chiapas y la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas, porque ya se sabe que no están de moda, (para eso el gobierno del estado de Chiapas se ha gastado bastante dinero en conseguir que los medios no lo pongan en el horizonte de la guerra, sino de los “avances” en la producción de biodiesel, el “buen” trato a los migrantes, los “éxitos” agrícolas y otros cuentos engañabobos vendidos a consejos de redacción que firman como propios los boletines gubernamentales pobres en redacción y argumentos).

La irrupción de la guerra en la vida cotidiana del México actual no viene de una insurrección, ni de movimientos independentistas o revolucionarios que se disputen su reedición en el calendario 100 o 200 años después. Viene, como todas las guerras de conquista, desde arriba, desde el Poder.

Y esta guerra tiene en Felipe Calderón Hinojosa su iniciador y promotor institucional (y ahora vergonzante).

Quien se posesionó de la titularidad del ejecutivo federal por la vía del facto, no se contentó con el respaldo mediático y tuvo que recurrir a algo más para distraer la atención y evadir el masivo cuestionamiento a su legitimidad: la guerra.

Cuando Felipe Calderón Hinojosa hizo suya la proclama de Theodore Roosevelt (algunos adjudican la sentencia a Henry Cabot Lodge) de “este país necesita una guerra”, recibió la desconfianza medrosa de los empresarios mexicanos, la entusiasta aprobación de los altos mandos militares y el aplauso nutrido de quien realmente manda: el capital extranjero.

La crítica de esta catástrofe nacional llamada “guerra contra el crimen organizado” debiera completarse con un análisis profundo de sus alentadores económicos. No sólo me refiero al antiguo axioma de que en épocas de crisis y de guerra aumenta el consumo suntuario. Tampoco sólo a los sobresueldos que reciben los militares (en Chiapas, los altos mandos militares recibían, o reciben, un salario extra del 130% por estar en “zona de guerra”). También habría que buscar en las patentes, proveedores y créditos internacionales que no están en la llamada “Iniciativa Mérida”.

Si la guerra de Felipe Calderón Hinojosa (aunque se ha tratado, en vano, de endosársela a todos los mexicanos) es un negocio (que lo es), falta responder a las preguntas de para quién o quiénes es negocio, y qué cifra monetaria alcanza.

Algunas estimaciones económicas.

No es poco lo que está en juego:

(nota: las cantidades detalladas no son exactas debido a que no hay claridad en los datos gubernamentales oficiales. por lo que en algunos casos se recurrió a lo publicado en el Diario Oficial de la Federación y se completó con datos de las dependencias e información periodística seria).

En los primeros 4 años de la “guerra contra el crimen organizado” (2007-2010), las principales entidades gubernamentales encargadas (Secretaría de la Defensa Nacional –es decir: ejército y fuerza aérea-, Secretaría de Marina, Procuraduría General de la República y Secretaría de Seguridad Pública) recibieron del Presupuesto de Egresos de la Federación una cantidad superior a los 366 mil millones de pesos (unos 30 mil millones de dólares al tipo de cambio actual). Las 4 dependencias gubernamentales federales recibieron: en 2007 más de 71 mil millones de pesos; en 2008 más de 80 mil millones; en 2009 más de 113 mil millones y en 2010 fueron más de 102 mil millones de pesos. A esto habrá que sumar los más de 121 mil millones de pesos (unos 10 mil millones de dólares) que recibirán en este año del 2011.

Tan sólo la Secretaría de Seguridad Pública pasó de recibir unos 13 mil millones de pesos de presupuesto en el 2007, a manejar uno de más de 35 mil millones de pesos en el 2011 (tal vez es porque las producciones cinematográficas son más costosas).

De acuerdo al Tercer Informe de Gobierno de septiembre del 2009, al mes de junio de ese año, las fuerzas armadas federales contaban con 254, 705 elementos (202, 355 del Ejército y Fuerza Aérea y 52, 350 de la Armada.

En 2009 el presupuesto para la Defensa Nacional fue de 43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos, a los que sumaron 8 mil 762 millones 315 mil 960 pesos (el 25.14% más), en total: más de 52 mil millones de pesos para el Ejército y Fuerza Aérea. La Secretaría de Marina: más de 16 mil millones de pesos: Seguridad Pública: casi 33 mil millones de pesos; y Procuraduría General de la República: más de 12 mil millones de pesos.

Total de presupuesto para la “guerra contra el crimen organizado” en 2009: más de 113 mil millones de pesos

En el año del 2010, un soldado federal raso ganaba unos 46, 380 pesos anuales; un general divisionario recibía 1 millón 603 mil 80 pesos al año, y el Secretario de la Defensa Nacional percibía ingresos anuales por 1 millón 859 mil 712 pesos.

Si las matemáticas no me fallan, con el presupuesto bélico total del 2009 (113 mil millones de pesos para las 4 dependencias) se hubieran podido pagar los salarios anuales de 2 millones y medio de soldados rasos; o de 70 mil 500 generales de división; o de 60 mil 700 titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Pero, por supuesto, no todo lo que se presupuesta va a sueldos y prestaciones. Se necesitan armas, equipos, balas… porque las que se tienen ya no sirven o son obsoletas.

“Si el Ejército mexicano entrara en combate con sus poco más de 150 mil armas y sus 331.3 millones de cartuchos contra algún enemigo interno o externo, su poder de fuego sólo alcanzaría en promedio para 12 días de combate continuo, señalan estimaciones del Estado Mayor de la Defensa Nacional (Emaden) elaboradas por cada una de las armas al Ejército y Fuerza Aérea. Según las previsiones, el fuego de artillería de obuseros (cañones) de 105 milímetros alcanzaría, por ejemplo, para combatir sólo por 5.5 días disparando de manera continua las 15 granadas para dicha arma. Las unidades blindadas, según el análisis, tienen 2 mil 662 granadas 75 milímetros.

De entrar en combate, las tropas blindadas gastarían todos sus cartuchos en nueve días. En cuanto a la Fuerza Aérea, se señala que existen poco más de 1.7 millones de cartuchos calibre 7.62 mm que son empleados por los aviones PC-7 y PC-9, y por los helicópteros Bell 212 y MD-530. En una conflagración, esos 1.7 millones de cartuchos se agotarían en cinco días de fuego aéreo, según los cálculos de la Sedena. La dependencia advierte que los 594 equipos de visión nocturna y los 3 mil 95 GPS usados por las Fuerza Especiales para combatir a los cárteles de la droga, “ya cumplieron su tiempo de servicio”.

Las carencias y el desgaste en las filas del Ejército y Fuerza Aérea son patentes y alcanzan niveles inimaginados en prácticamente todas las áreas operativas de la institución. El análisis de la Defensa Nacional señala que los goggles de visión nocturna y los GPS tienen entre cinco y 13 años de antigüedad, y “ya cumplieron su tiempo de servicio”. Lo mismo ocurre con los “150 mil 392 cascos antifragmento” que usan las tropas. El 70% cumplió su vida útil en 2008, y los 41 mil 160 chalecos antibala lo harán en 2009. (…).

En este panorama, la Fuerza Aérea resulta el sector más golpeado por el atraso y dependencia tecnológicos hacia el extranjero, en especial de Estados Unidos e Israel. Según la Sedena, los depósitos de armas de la Fuerza Aérea tienen 753 bombas de 250 a mil libras cada una. Los aviones F-5 y PC-7 Pilatus usan esas armas. Las 753 existentes alcanzan para combatir aire-tierra por un día. Las 87 mil 740 granadas calibre 20 milímetros para jets F-5 alcanzan para combatir a enemigos externos o internos por seis días. Finalmente, la Sedena revela que los misiles aire-aire para los aviones F-5, es de sólo 45 piezas, lo cual representan únicamente un día de fuego aéreo.” Jorge Alejandro Medellín en “El Universal”, México, 02 de enero de 2009.

Esto se conoce en 2009, 2 años después del inicio de la llamada “guerra” del gobierno federal. Dejemos de lado la pregunta obvia de cómo fue posible que el jefe supremo de las fuerzas armadas, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzara a una guerra (“de largo aliento” dice él) sin tener las condiciones materiales mínimas para mantenerla, ya no digamos para “ganarla”. Entonces preguntémonos: ¿Qué industrias bélicas se van a beneficiar con las compras de armamento, equipos y parque?

Si el principal promotor de esta guerra es el imperio de las barras y las turbias estrellas (haciendo cuentas, en realidad las únicas felicitaciones que ha recibido Felipe Calderón Hinojosa han venido del gobierno norteamericano), no hay que perder de vista que al norte del Río Bravo no se otorgan ayudas, sino que se hacen inversiones, es decir, negocios.

Victorias y derrotas.

¿Ganan los Estados Unidos con esta guerra “local”? La respuesta es: sí. Dejando de lado las ganancias económicas y la inversión monetaria en armas, parque y equipos (no olvidemos que USA es el principal proveedor de todo esto a los dos bandos contendientes: autoridades y “delincuentes” -la “guerra contra la delincuencia organizada” es un negocio redondo para la industria militar norteamericana-), está, como resultado de esta guerra, una destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento geopolítico que los favorece.

Esta guerra (que está perdida para el gobierno desde que se concibió, no como una solución a un problema de inseguridad, sino a un problema de legitimidad cuestionada), está destruyendo el último reducto que le queda a una Nación: el tejido social.

¿Qué mejor guerra para los Estados Unidos que una que le otorgue ganancias, territorio y control político y militar sin las incómodas “body bags” y los lisiados de guerra que le llegaron, antes, de Vietnam y ahora de Irak y Afganistán?

Las revelaciones de Wikileaks sobre las opiniones en el alto mando norteamericano acerca de las “deficiencias” del aparato represivo mexicano (su ineficacia y su contubernio con la delincuencia), no son nuevas. No sólo en el común de la gente, sino en altas esferas del gobierno y del Poder en México esto es una certeza. La broma de que es una guerra dispareja porque el crimen organizado sí está organizado y el gobierno mexicano está desorganizado, es una lúgubre verdad.

El 11 de diciembre del 2006, se inició formalmente esta guerra con el entonces llamado “Operativo Conjunto Michoacán”. 7 mil elementos del ejército, la marina y las policías federales lanzaron una ofensiva (conocida popularmente como “el michoacanazo”) que, pasada la euforia mediática de esos días, resultó ser un fracaso. El mando militar fue el general Manuel García Ruiz y el responsable del operativo fue Gerardo Garay Cadena de la Secretaría de Seguridad Pública. Hoy, y desde diciembre del 2008, Gerardo Garay Cadena está preso en el penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit, acusado de coludirse con “el Chapo” Guzmán Loera.

Y, a cada paso que se da en esta guerra, para el gobierno federal es más difícil explicar dónde está el enemigo a vencer.

Jorge Alejandro Medellín es un periodista que colabora con varios medios informativos -la revista “Contralínea”, el semanario “Acentoveintiuno”, y el portal de noticias “Eje Central”, entre otros -y se ha especializado en los temas de militarismo, fuerzas armadas, seguridad nacional y narcotráfico. En octubre del 2010 recibió amenazas de muerte por un artículo donde señaló posibles ligas del narcotráfico con el general Felipe de Jesús Espitia, ex comandante de la V Zona Militar y ex jefe de la Sección Séptima -Operaciones Contra el Narcotráfico- en el gobierno de Vicente Fox, y responsable del Museo del Enervante ubicado en las oficinas de la S-7. El general Espitia fue removido como comandante de la V Zona Militar ante el estrepitoso fracaso de los operativos ordenados por él en Ciudad Juárez y por la pobre respuesta que dio a las masacres cometidas en la ciudad fronteriza.

Pero el fracaso de la guerra federal contra la “delincuencia organizada”, la joya de la corona del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, no es un destino a lamentar para el Poder en USA: es la meta a conseguir.

Por más que se esfuercen los medios masivos de comunicación en presentar como rotundas victorias de la legalidad, las escaramuzas que todos los días se dan en el territorio nacional, no logran convencer.

Y no sólo porque los medios masivos de comunicación han sido rebasados por las formas de intercambio de información de gran parte de la población (no sólo, pero también las redes sociales y la telefonía celular), también, y sobre todo, porque el tono de la propaganda gubernamental ha pasado del intento de engaño al intento de burla (desde el “aunque no lo parezca vamos ganando” hasta lo de “una minoría ridícula”, pasando por las bravatas de cantina del funcionario en turno).

Sobre esta otra derrota de la prensa, escrita y de radio y televisión, volveré en otra misiva. Por ahora, y respecto al tema que ahora nos ocupa, basta recordar que el “no pasa nada en Tamaulipas” que era pregonado por las noticias (marcadamente de radio y televisión), fue derrotado por los videos tomados por ciudadanos con celulares y cámaras portátiles y compartidos por internet.

Pero volvamos a la guerra que, según Felipe Calderón Hinojosa, nunca dijo que es una guerra. ¿No lo dijo, no lo es?

“Veamos si es guerra o no es guerra: el 5 de diciembre de 2006, Felipe Calderón dijo: “Trabajamos para ganar la guerra a la delincuencia…”. El 20 de diciembre de 2007, durante un desayuno con personal naval, el señor Calderón utilizó hasta en cuatro ocasiones en un sólo discurso, el término guerra. Dijo: “La sociedad reconoce de manera especial el importante papel de nuestros marinos en la guerra que mi Gobierno encabeza contra la inseguridad…”, “La lealtad y la eficacia de las Fuerzas Armadas, son una de las más poderosas armas en la guerra que libramos contra ella…”, “Al iniciar esta guerra frontal contra la delincuencia señalé que esta sería una lucha de largo aliento”, “…así son, precisamente, las guerras…”. Pero aún hay más: el 12 de septiembre de 2008, durante la Ceremonia de Clausura y Apertura de Cursos del Sistema Educativo Militar, el autollamado “Presidente del empleo”, se dio vuelo pronunciando hasta en media docena de ocasiones, el término guerra contra el crimen: “Hoy nuestro país libra una guerra muy distinta a la que afrontaron los insurgentes en el 1810, una guerra distinta a la que afrontaron los cadetes del Colegio Militar hace 161 años…” “…todos los mexicanos de nuestra generación tenemos el deber de declarar la guerra a los enemigos de México… Por eso, en esta guerra contra la delincuencia…” “Es imprescindible que todos los que nos sumamos a ese frente común pasemos de la palabra a los hechos y que declaremos, verdaderamente, la guerra a los enemigos de México…” “Estoy convencido que esta guerra la vamos a ganar…” (Alberto Vieyra Gómez. Agencia Mexicana de Noticias, 27 de enero del 2011).

Al contradecirse, aprovechando el calendario, Felipe Calderón Hinojosa no se enmienda la plana ni se corrige conceptualmente. No, lo que ocurre es que las guerras se ganan o se pierden (en este caso, se pierden) y el gobierno federal no quiere reconocer que el punto principal de su gestión ha fracasado militar y políticamente.

¿Guerra sin fin? La diferencia entre la realidad… y los videojuegos.

Frente al fracaso innegable de su política guerrerista, ¿Felipe Calderón Hinojosa va a cambiar de estrategia?

La respuesta es NO. Y no sólo porque la guerra de arriba es un negocio y, como cualquier negocio, se mantiene mientras siga produciendo ganancias.

Felipe Calderón Hinojosa, el comandante en jefe de las fuerzas armadas; el ferviente admirador de José María Aznar; el autodenominado “hijo desobediente”; el amigo de Antonio Solá; el “ganador” de la presidencia por medio punto porcentual de la votación emitida gracias a la alquimia de Elba Esther Gordillo; el de los desplantes autoritarios más bien cercanos al berrinche (“o bajan o mando por ustedes”); el que quiere tapar con más sangre la de los niños asesinados en la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora; el que ha acompañado su guerra militar con una guerra contra el trabajo digno y el salario justo; el del calculado autismo frente a los asesinatos de Marisela Escobedo y Susana Chávez Castillo; el que reparte etiquetas mortuorias de “miembros del crimen organizado” a los niños y niñas, hombres y mujeres que fueron y son asesinados porque sí, porque les tocó estar en el calendario y la geografía equivocados, y no alcanzan siquiera el ser nombrados porque nadie les lleva la cuenta ni en la prensa, ni en las redes sociales.

Él, Felipe Calderón Hinojosa, es también un fan de los videojuegos de estrategia militar.

Felipe Calderón Hinojosa es el “gamer” “que en cuatro años convirtió un país en una versión mundana de The Age of Empire -su videojuego preferido-, (…) un amante -y mal estratega- de la guerra” (Diego Osorno en “Milenio Diario”, 3 de octubre del 2010).

Es él que nos lleva a preguntar: ¿está México siendo gobernado al estilo de un videojuego? (creo que yo sí puedo hacer este tipo de preguntas comprometedoras sin riesgo a que me despidan por faltar a un “código de ética” que se rige por la publicidad pagada).

Felipe Calderón Hinojosa no se detendrá. Y no sólo porque las fuerzas armadas no se lo permitirían (los negocios son negocios), también por la obstinación que ha caracterizado la vida política del “comandante en jefe” de las fuerzas armadas mexicanas.

Hagamos un poco de memoria: En marzo del 2001, cuando Felipe Calderón Hinojosa era el coordinador parlamentario de los diputados federales de Acción Nacional, se dio aquel lamentable espectáculo del Partido Acción Nacional cuando se negó a que una delegación indígena conjunta del Congreso Nacional Indígena y del EZLN hicieran uso de la tribuna del Congreso de la Unión en ocasión de la llamada “marcha del color de la tierra”.

A pesar de que se estaba mostrando al PAN como una organización política racista e intolerante (y lo es) por negar a los indígenas el derecho a ser escuchados, Felipe Calderón Hinojosa se mantuvo en su negativa. Todo le decía que era un error asumir esa posición, pero el entonces coordinador de los diputados panistas no cedió (y terminó escondido, junto con Diego Fernández de Cevallos y otros ilustres panistas, en uno de los salones privados de la cámara, viendo por televisión a los indígenas hacer uso de la palabra en un espacio que la clase política reserva para sus sainetes).

“Sin importar los costos políticos”, habría dicho entonces Felipe Calderón Hinojosa.

Ahora dice lo mismo, aunque hoy no se trata de los costos políticos que asuma un partido político, sino de los costos humanos que paga el país entero por esa tozudez.

Estando ya por terminar esta misiva, encontré las declaraciones de la secretaria de seguridad interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, especulando sobre las posibles alianzas entre Al Qaeda y los cárteles mexicanos de la droga. Un día antes, el subsecretario del Ejército de Estados Unidos, Joseph Westphal, declaró que en México hay una forma de insurgencia encabezada por los cárteles de la droga que potencialmente podrían tomar el gobierno, lo cual implicaría una respuesta militar estadunidense. Agregó que no deseaba ver una situación en donde soldados estadunidenses fueran enviados a combatir una insurgencia “sobre nuestra frontera… o tener que enviarlos a cruzar esa frontera hacia México.

Mientras tanto, Felipe Calderón Hinojosa, asistía a un simulacro de rescate en un pueblo de utilería, en Chihuahua, y se subió a un avión de combate F-5, se sentó en el asiento del piloto y bromeó con un “disparen misiles”.

¿De los videojuegos de estrategia a los “simuladores de combate aéreo” y “disparos en primera persona”? ¿Del Age of Empires al HAWX?

El HAWX es un videojuego de combate aéreo donde, en un futuro cercano, las empresas militares privadas (“Private military company”) han reemplazado a los ejércitos gubernamentales en varios países. La primera misión del videojuego consiste en bombardear Ciudad Juárez, Chihuahua, México, porque las “fuerzas rebeldes” se han apoderado de la plaza y amenazan con avanzar a territorio norteamericano-.

No en el videojuego, sino en Irak, una de las empresas militares privadas contratadas por el Departamento de Estado norteamericano y la Agencia Central de Inteligencia fue “Blackwater USA”, que después cambió su nombre a “Blackwater Worldwide”. Su personal cometió serios abusos en Irak, incluyendo el asesinato de civiles. Ahora cambió su nombre a “Xe Services LL” y es el más grande contratista de seguridad privada del Departamento de Estado norteamericano. Al menos el 90% de sus ganancias provienen de contratos con el gobierno de Estados Unidos.

El mismo día en el que Felipe Calderón Hinojosa bromeaba en el avión de combate (10 de febrero de 2011), y en el estado de Chihuahua, una niña de 8 años murió al ser alcanzada por una bala en un tiroteo entre personas armadas y miembros del ejército.

¿Cuándo va a terminar esa guerra?

¿Cuándo aparecerá en la pantalla del gobierno federal el “game over” del fin del juego, seguido de los créditos de los productores y patrocinadores de la guerra?

¿Cuándo va poder decir Felipe Calderón “ganamos la guerra, hemos impuesto nuestra voluntad al enemigo, le hemos destruido su capacidad material y moral de combate, hemos (re) conquistado los territorios que estaban en su poder”?

Desde que fue concebida, esa guerra no tiene final y también está perdida.

No habrá un vencedor mexicano en estas tierras (a diferencia del gobierno, el Poder extranjero sí tiene un plan para reconstruir – reordenar el territorio), y el derrotado será el último rincón del agónico Estado Nacional en México: las relaciones sociales que, dando identidad común, son la base de una Nación.

Aún antes del supuesto final, el tejido social estará roto por completo.

Resultados: la Guerra arriba y la muerte abajo.

Veamos que informa el Secretario de Gobernación federal sobre la “no guerra” de Felipe Calderón Hinojosa:

“El 2010 fue el año más violento del sexenio al acumularse 15 mil 273 homicidios vinculados al crimen organizado, 58% más que los 9 mil 614 registrados durante el 2009, de acuerdo con la estadística difundida este miércoles por el Gobierno Federal. De diciembre de 2006 al final de 2010 se contabilizaron 34 mil 612 crímenes, de las cuales 30 mil 913 son casos señalados como “ejecuciones”; tres mil 153 son denominados como “enfrentamientos” y 544 están en el apartado “homicidios-agresiones”. Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, presentó una base de datos oficial elaborada por expertos que mostrará a partir de ahora “información desagregada mensual, a nivel estatal y municipal” sobre la violencia en todo el país.” (Periódico “Vanguardia”, Coahuila, México, 13 de enero del 2011)

Preguntemos: De esos 34 mil 612 asesinados, ¿cuántos eran delincuentes? Y los más de mil niños y niñas asesinados (que el Secretario de Gobernación “olvidó” desglosar en su cuenta), ¿también eran “sicarios” del crimen organizado? Cuando en el gobierno federal se proclama que “vamos ganando”, ¿a qué cartel de la droga se refieren? ¿Cuántas decenas de miles más forman parte de esa “ridícula minoría” que es el enemigo a vencer?

Mientras allá arriba tratan inútilmente de desdramatizar en estadísticas los crímenes que su guerra ha provocado, es preciso señalar que también se está destruyendo el tejido social en casi todo el territorio nacional.

La identidad colectiva de la Nación está siendo destruida y está siendo suplantada por otra.

Porque “una identidad colectiva no es más que una imagen que un pueblo se forja de sí mismo para reconocerse como perteneciente a ese pueblo. Identidad colectiva es aquellos rasgos en que un individuo se reconoce como perteneciente a una comunidad. Y la comunidad acepta este individuo como parte de ella. Esta imagen que el pueblo se forja no es necesariamente la perduración de una imagen tradicional heredada, sino que generalmente se la forja el individuo en tanto pertenece a una cultura, para hacer consistente su pasado y su vida actual con los proyectos que tiene para esa comunidad.

Entonces, la identidad no es un simple legado que se hereda, sino que es una imagen que se construye, que cada pueblo se crea, y por lo tanto es variable y cambiante según las circunstancias históricas”. (Luis Villoro, noviembre de 1999, entrevista con Bertold Bernreuter, Aachen, Alemania).

En la identidad colectiva de buena parte del territorio nacional no está, como se nos quiere hacer creer, la disputa entre el lábaro patrio y el narco-corrido (si no se apoya al gobierno entonces se apoya a la delincuencia, y viceversa).

No.

Lo que hay es una imposición, por la fuerza de las armas, del miedo como imagen colectiva, de la incertidumbre y la vulnerabilidad como espejos en los que esos colectivos se reflejan.

¿Qué relaciones sociales se pueden mantener o tejer si el miedo es la imagen dominante con la cual se puede identificar un grupo social, si el sentido de comunidad se rompe al grito de “sálvese quien pueda”?

De esta guerra no sólo van a resultar miles de muertos… y jugosas ganancias económicas.

También, y sobre todo, va a resultar una nación destruida, despoblada, rota irremediablemente.

III.- ¿NADA QUÉ HACER?

A quienes sacan sus mezquinas sumas y restas electorales en esta cuenta mortal, les recordamos:

Hace 17 años, el 12 de enero de 1994, una gigantesca movilización ciudadana (ojo: sin jefes, comandos centrales, líderes o dirigentes) paró la guerra acá. Frente al horror, la destrucción y las muertes, hace 17 años la reacción fue casi inmediata, contundente, eficaz.

Ahora es el pasmo, la avaricia, la intolerancia, la ruindad que escatima apoyos y convoca a la inmovilidad… y la ineficacia.

La iniciativa loable de un grupo de trabajadores de la cultura (“NO MÁS SANGRE”) fue descalificada desde su inicio por no “plegarse” ante un proyecto electoral, por no cumplir el mandato de esperar al 2012.

Ahora que tienen la guerra allá, en sus ciudades, en sus calles, en sus carreteras, en sus casas, ¿qué han hecho? Digo, además de “plegarse” ante quien tiene “el mejor proyecto”.

¿Pedirle a la gente que espere al 2012? ¿Qué entonces sí hay que volver a votar por el menos malo y ahora sí se va a respetar el voto?

Si van más de 34 mil muertos en 4 años, son más de 8 mil muertes anuales. Es decir, ¿hay que esperar 16 mil muertos más para hacer algo?

Porque se va a poner peor. Si los punteros actuales para las elecciones presidenciales del 2012 (Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard), gobiernan las entidades con mayor número de ciudadanos, ¿no es de esperar que ahí aumente la “guerra contra la delincuencia organizada” con su cauda de “daños colaterales”?

¿Qué van a hacer? Nada. Van a seguir el mismo camino de intolerancia y satanización de hace 4 años, cuando en el 2006 todo lo que no fuera a favor de López Obrador era acusado de servir a la derecha. L@s que nos atacaron y calumniaron entonces y ahora, siguen el mismo camino frente a otros movimientos, organizaciones, protestas, movilizaciones.

¿Por qué la supuesta gran organización nacional que se prepara para que en las próximas elecciones federales, ahora sí, gane un proyecto alternativo de nación, no hace algo ahora? Digo, si piensan que pueden movilizar a millones de mexicanos para que voten por alguien, ¿por qué no movilizarlos para parar la guerra y que el país sobreviva? ¿O es un cálculo mezquino y ruin? ¿Qué la cuenta de muertes y destrucción reste al oponente y sume al elegido?

Hoy, en medio de esta guerra, el pensamiento crítico vuelve a ser postergado. Primero lo primero: el 2012 y las respuestas a las preguntas sobre los “gallos”, nuevos o reciclados, para ese futuro que se desmorona desde hoy. Todo debe subordinarse a ese calendario y a sus pasos previos: las elecciones locales en Guerrero, Baja California Sur, Hidalgo, Nayarit, Coahuila, el Estado de México.

Y mientras todo se derrumba, nos dicen que lo importante es analizar los resultados electorales, las tendencias, las posibilidades. Llaman a aguantar hasta que sea el momento de tachar la boleta electoral, y de vuelta a esperar que todo se arregle y se vuelva a levantar el frágil castillo de naipes de la clase política mexicana.

¿Recuerdan que ellos se burlaron y atacaron el que desde el 2005 llamáramos a la gente a organizarse según sus propias demandas, historia, identidad y aspiraciones y no apostar a que alguien allá arriba iba a solucionar todo?

¿Nos equivocamos nosotros o ellos?

¿Quién en las principales ciudades se atreve a decir que puede salir con tranquilidad ya no en la madrugada, sino apenas anochece?

¿Quién hace suyo el “vamos ganando” del gobierno federal y ve con respeto, y no con miedo, a soldados, marinos y policías?

¿Quiénes son los que se despiertan ahora sin saber si van a estar vivos, sanos o libres al finalizar el día que comienza?

¿Quiénes no pueden ofrecer a la gente una salida, una alternativa, que no sea esperar a las próximas elecciones?

¿Quiénes no pueden echar a andar una iniciativa que realmente prenda localmente, no digamos a nivel nacional?

¿Quiénes se quedaron solos?

Porque al final, quienes van a permanecer serán quienes resistieron; quienes no se vendieron; quienes no se rindieron; quienes no claudicaron; quienes entendieron que las soluciones no vienen de arriba, sino que se construyen abajo; quienes no apostaron ni apuestan a las ilusiones que vende una clase política que tiene tiempo que apesta como un cadáver; quienes no siguieron el calendario de arriba ni adecuaron su geografía a ese calendario convirtiendo un movimiento social en una lista de números de credenciales del IFE; quienes frente a la guerra no se quedaron inmóviles, esperando el nuevo espectáculo malabarista de la clase política en la carpa circense electoral, sino que construyeron una alternativa social, no individual, de libertad, justicia, trabajo y paz.

IV.- LA ÉTICA Y NUESTRA OTRA GUERRA.

Antes hemos dicho que la guerra es inherente al capitalismo y que la lucha por la paz es anticapitalista.

Usted, Don Luis, ha dicho también antes que “la moralidad social constituye sólo un primer nivel, precrítico, de la ética. La ética crítica empieza cuando el sujeto se distancia de las formas de moralidad existentes y se pregunta por la validez de sus reglas y comportamientos. Puede percatarse de que la moralidad social no cumple las virtudes que proclama” ¿Es posible traer la Ética a la guerra? ¿Es posible hacerla irrumpir por entre desfiles castrenses, grados militares, retenes, operativos, combates, muertes? ¿Es posible traerla a cuestionar la validez de las reglas y comportamientos militares?

¿O el planteamiento de su posibilidad no es más que un ejercicio de especulación filosófica?

Porque tal vez la inclusión de ese “otro” elemento en la guerra sólo sería posible en una paradoja. Incluir la ética como factor determinante de un conflicto traería como consecuencia un reconocimiento radical: el contrincante sabe que el resultado de su “triunfo” será su derrota.

Y no me refiero a la derrota como “destrucción” o “abandono”, sino a la negación de la existencia como fuerza beligerante. Esto es, una fuerza hace una guerra que, si la gana, significará su desaparición como fuerza. Y si la pierde igual, pero nadie hace una guerra para perderla (bueno, Felipe Calderón Hinojosa sí).

Y aquí está la paradoja de la guerra zapatista: si perdemos, ganamos; y si ganamos, ganamos. La clave está en que la nuestra es una guerra que no pretende destruir al contrario en el sentido clásico.

Es una guerra que trata de anular el terreno de su realización y las posibilidades de los contrincantes (nosotros incluidos).

Es una guerra para dejar de ser lo que ahora somos y así ser lo que debemos ser.

Esto ha sido posible porque reconocemos al otro, a la otra, a lo otro, que, en otras tierras de México y del Mundo, y sin ser iguales a nosotros, sufren los mismos dolores, sostienen resistencias semejantes, que luchan por una identidad múltiple que no anule, avasalle, conquiste, y que anhelan un mundo sin ejércitos.

Hace 17 años, el 1 de enero de 1994, se hizo visible la guerra contra los pueblos originarios de México.

Mirando la geografía nacional en este calendario, nosotros recordamos:

¿No éramos nosotros, los zapatistas, los violentos? ¿No se nos acusó a nosotros de pretender partir el territorio nacional? ¿No se dijo que nuestro objetivo era destruir la paz social, minar las instituciones, sembrar el caos, promover el terror y acabar con el bienestar de una Nación libre, independiente y soberana? ¿No se señaló hasta el hartazgo que nuestra demanda de reconocimiento a los derechos y la cultura indígenas socavaba el orden social?

Hace 17 años, el 12 de enero de 1994, una movilización civil, sin pertenencia política definida, nos demandó intentar el camino del diálogo para resolver nuestras demandas.

Nosotros cumplimos.

Una y otra vez, a pesar de la guerra en contra nuestra, insistimos en iniciativas pacíficas.

Durante años hemos resistido ataques militares, ideológicos y económicos, y ahora el silencio sobre lo que acá ocurre.

En las condiciones más difíciles no sólo no nos rendimos, ni nos vendimos, ni claudicamos, también construimos mejores condiciones de vida en nuestros pueblos.

Al principio de esta misiva dije que la guerra es una vieja conocida de los pueblos originarios, de los indígenas mexicanos.

Más de 500 años después, más de 200 años después, más de 100 años después, y ahora con ese otro movimiento que reclama su múltiple identidad comunal, decimos:

Aquí estamos.

Tenemos identidad.

Tenemos sentido de comunidad porque ni esperamos ni suspiramos porque vinieran de arriba las soluciones que necesitamos y merecemos.

Porque no sujetamos nuestro a andar a quien hacia arriba mira.

Porque, manteniendo la independencia de nuestra propuesta, nos relacionamos con equidad con lo otro que, como nosotros, no sólo resiste, también se ha ido construyendo una identidad propia que le da pertenencia social, y ahora también le representa la única oportunidad sólida de supervivencia al desastre.

Nosotros somos pocos, nuestra geografía es limitada, somos nadie.

Somos pueblos originarios dispersos en la geografía y el calendario más distantes.

Nosotros somos otra cosa.

Somos pocos y nuestra geografía es limitada.

Pero en nuestro calendario no manda la zozobra.

Nosotros sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Tal vez es poco lo que tenemos, pero no tenemos miedo.

Vale, Don Luis. Salud y que la reflexión crítica anime nuevos pasos.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos. México, Enero-Febrero del 2011

jueves, 10 de marzo de 2011

¿Y la frontera para qué? Injerencias y pleitesía gringomexicanas

Los cables de wikiliks han sacado a la luz aquella sensación que flotaba en el aire, el presidente de México le rinde pleitesía al de los Estados Unidos. En Campaña, según los cables, Felipe Calderón se reunió con autoridades estadounidenses y les aseguró que no daría ningún tipo de problema –la palabra lucha o esfuerzo resultan calificativos que sobrepasan las dimensiones de la intensión- en el tema de la reforma migratoria.
Hay sin embargo otra constante sensación en el ambiente, la de la invasión, anexión para aquellos que gustan del modelo gringo, por parte de la nación del norte. Insinuaciones van y vienen sobre un Estado fallido en México, que si se necesita la tutela de un mal hermano mayor, que si la seguridad nacional de los Estados Unidos está en riesgo por una posible y ficticia –como todas sus películas- alianza entre un grupo terrorista árabe y un grupo de pistoleros mexicanos. ¿Dónde estaría el punto de interés entre ambas organizaciones? ¿El simple hecho de hacer daño al imperio del norte? Resulta una buena hipótesis que mantiene a mi gusto más calidad de paranoia que de conexión lógica.
Pero regresemos al tema principal, los cables de wikiliks. Hoy día y a menos de una semana del encuentro de mandatarios/obedientes (cabría aquí una amarga comparación con el oxímoron zapatista del mandar-obedeciendo, ya que Calderón y Obama mandan obedeciendo cada quien a sus jefes y no al sentir popular) se ha revelado que en una operación de nombre de película hollywoodense –rápido y furioso- entraron en territorio nacional cerca de dos mil armas con la venia de ambas naciones. Esto como parte de una lúcida (sic) estrategia de seguir el camino de las armas en manos de los criminales, vaya sorpresa que una de esas armas disparó una bala que impacto a un agente fronterizo.
Las fronteras se han borrado, Estados Unidos mete agentes encubiertos y des-armados a territorio nacional, armas y muchas otras injerencias de tipo político y económico a territorio azteca, éste por su parte le regresa dólares para ser lavados, marihuana, cocaína, múltiples producciones de manufactura fronteriza y uno que otro agradecimiento sumiso. La frontera está casi borrada, por allí pasa todos menos migrantes, no porque sean secuestrados y en el peor de los casos asesinados por los Zetas en su camino, sino porque desde antes de haberse robado el poder ejecutivo Calderón dijo que fingiría si acaso la intensión de hablar del tema.
¿De qué sirve entonces la frontera, sólo para discriminar? El flujo de armas y droga no para porque son dos pilares fundamentales de las economías de América del norte.

viernes, 25 de febrero de 2011

Al grafitero desconocido I

Sobre el socialismo, el discurso, el convencimiento y el binomio individuo-colectividad


Hace unos días me encontré hablando con un individuo que me increpaba sobre las consecuencias prácticas que tenía mi discurso. En primera instancia, me emocioné al pensar que, por el tono del reto, me encontraba ante un agente revolucionario "profesional" como lo llamaría Lenin. No fue así. Me encontré sólo con la propuesta del cambio "armonioso" e individual.

Por un lado, el joven negaba la necesidad de un discurso combativo, coherente y revolucionario. No sólo negaba esa necesidad, sino que hasta la menospreciaba, considerando que "el discurso de los medios y los políticos" era equiparable a cualquier otro.

Su razonamiento lo llevaba a concluir que en lugar de generar cuerpos discursivos sólidos, había que actuar simple y llanamente. Y que en esas acciones estaríamos mostrando con el ejemplo, en lugar de convencer.

Según su concepción, en la sociedad actual, las relaciones sociales se dan por "convencimiento", y no por imposición. Es decir, las relaciones serían en este pensamiento, consensuadas, mutuamente acordadas. En otras palabras, hablamos español porque nos convencieron, adquirimos nuestros medios de subsistencia, repetimos y perpetuamos nuestros hábitos, comemos y vivimos como lo hacemos, en fin, porque nos convencieron de ello y nosotros lo aceptamos.

Siguiendo su razonamiento, nuestro personaje planteaba la cuestión de que, si todo el malestar cultural y las contradicciones sociales provenían del "convencimiento", entonces de lo que se trata no es de convencer, sino de mostrar. Y dado que no debemos convencer, no podemos intentar nada que esté más allá del individuo porque eso atentaría contra la libetad del otro, y nosotros mismos nos convertiríamos, como convencedores, en opresores.

A continuación, a modo de conclusión, el joven dijo que, aún cuando no pudiéramos atacar todas nuestras contradicciones como individuos, con tal de atacar una que otra, y si todos lo hiciéramos, entonces podríamos, social y mágicamente, lograr la armonía. Esto, porque si los demás miran a aquellos que se están transformando, querrán también transformarse, y el resultado automático tendría que ser la armonía universal.

Este muchacho, de cuyo nombre siento mucho no acordarme, me pedía que mirara, por ejemplo, a los olmecas, según él, "la gente que vive en armonía", "como ellos se llamaban a sí mismos". Los olmecas, pues, habrían conseguido construir toda su gran cultura, de manera armoniosa, en una sociedad donde no existían las jerarquías ni la opresión, ni los reyes ni los esclavos, y donde todos, por mutuo acuerdo, en armonía, ponían manos a la obra, para engrandecer su realidad y su legado a las futuras generaciones. Eso podría llamarse, humildemente, socialismo.


Ante tanta confusión quedé en escribir este texto y de intercambiar información "sin prejuicios" (o sea, probablemente me tendrán refiriéndome en el futuro, a textos sagrados o clarividentes de nuestra cultura madre).

Mientras tanto hablaré de cosas más importantes.


En primer lugar, habría que acordar que no vivimos en una sociedad fundada precisamente en el convencimiento.

Veamos, por ejemplo, el asunto de la lengua. No hablamos español porque nos hayan dado a elegir entre el alemán, el inglés, el francés y el español. Hablamos español porque somos una sociedad originada por la conquista violenta de un grupo social sobre otro, de los españoles que sometieron a través de la violencia, a lo largo de un territorio y en un periodo extenso de tiempo, a cientos de culturas originarias y diversas entre sí.

Por otra parte, en nuestra sociedad no existen innumerables maneras de organizarse, de producir, de desarrollarse. En términos materiales, existen muy pocas maneras. Esto ocurre porque se desarrollan luchas en ámbitos diversos, en lo político, en lo económico, en lo cultural, y dadas las características de nuestra sociedad, esas luchas resultan generalmente en el supresión de una forma por otra.

Hablemos, por ejemplo, de la manera en la que se produce la comida. Las personas no compran la comida en la tienda porque las convencieron de ello. La compran ahí porque hay una producción de alimentos que se acumula en unas cuantas empresas que compiten en términos desiguales con pequeños y medianos productores. A la vez, se apropian de las mejores tierras, inundan el mercado con sus productos, a precios contra los que los pequeños productores no pueden competir; además esas grandes empresas controlan también la distribución de los productos, ya sean propios o ajenos.

Entonces, cuando uno llega a una tienda, en realidad no está ante una gama innumerable de productos que intentan convencerlo de comprar tal o cual cosa. Se encuentra uno, más bien, frente a un modo específico de producción de comida. Del cual uno ni es responsable directo, ni fue convencido, ni siquiera fue consultado sobre su pertinencia o no. Es un sistema que se reproduce más allá de uno y frente al cual no hay opciones (por lo menos, de manera evidente e inmediata).

En todo caso, la sociedad se reproduce de maneras incoscientes. Los sistemas de injusticia se perpetúan a la vez que generan un cuerpo cultural que les da legitimidad, y los muestra como las opciones más racionales o realistas, cuando no como las únicas posibles. Pero dudo que eso pueda recibir el nombre de convencimiento, sería más correcto llamarlo engaño, sometimiento, domesticación, abuso, tal vez.

Si dos marcas compiten para lograr ganancia y tener la mayor cantidad de consumidores, el asunto no es pensar que están convenciendo a nadie de algo. Lo fundamental es preguntarse si realmente son dos opciones distintas las que se ofrecen, o son sólo dos máscaras distintas de un mismo fenómeno, el de producir ganancia a cualquier costo, al de la depredación, el empobrecimiento de los trabajadores, el empobrecimiento cultural de la sociedad en general.

°° °° °° °° °° °°

Como primer texto para intercambiar, si el grafitero desconocido llegara parar por aquí, propongo las Tesis sobre Feuerbach de K. Marx, donde el autor plantea propositivamente la contraposición del idealismo y del materialismo, y además dotando a éste último de una cualidad práctica, transformadora, social y colectiva.


viernes, 18 de febrero de 2011

Pequeñas minucias

La doble vía: cuando se regresa de un viaje hay cosas que resultan extrañas, los pequeños cambios acaecidos en las personas sólo son perceptibles en la lejanía del tiempo, que si fulano de Abraham subió algunos kilos, que si se terminó aquel puente o esta vía. Quien ausente se encuentra no observa el proceso, sólo la culminación o el estado actual de las cosas. Sin embargo noticia tenía ya del distribuidor vial del norte de la ciudad, el de Tlalnepantla, el que construyó como mega obra propagandística el más notable de los presidenciables, Enrique Peña Nieto, el que ganó hace cinco años las elecciones en el Estado de México por ser guapo, por tener un copete inamovible, como en efecto sigue hoy.

Pero si a la construcción de una obra similar en la ciudad de México la criticaron de populista a Peña Miento no se le criticó ni por la construcción ni por el impopular cobro por el uso del distribuidor vial. Resulta por demás curioso que apenas pasando el anunció de Feliz Viaje, vuelva pronto Ciudad de México, el estilo personal del gobernante mexiquense se manifiesta. Obras que entorpecen el tráfico en beneficio de quién, de aquellos que pueden pagar el peaje del distribuidor. Por momentos se puede olvidar que hay dos vías pues justamente una va por encima de la otra, fuera de la vista del conductor, que si acaso ve los anuncios de que compre la tarjeta, que ir por arriba es mejor y es más rápido, pero ¿por qué no hacer una obra que beneficie a todos por igual? ¿Por qué una obra para aquellos que la pueden pagar? En los pequeños detalles en el quehacer cotidiano se relevan los planes políticos y personales de cualquier administrador público. Si hubiera duda en algún momento la vía que bien podría ser de seis carriles de ida y vuelta es de tres de ida y vuelta libre y tres de ida y vuelta de cuota, dejando al descubierto el descaro de lo que se podría hacer en beneficio de todos y se hace sólo para aquellos con lo pueden pagar.

¿Provocaciones estadounidenses?: en cuanto leí la nota de que dos agentes antidrogas estadounidenses fueron atacados en una carretera del norte del país me sorprendió la ingenuidad (sic) de las autoridades de nuestro y aquel país, cómo mandar dos agentes gringos antidrogas a recorrer las carreteras del norte del país, donde se libra en efecto una guerra entre los cárteles de la droga y las supuesta autoridades estatales y federales contra aquellos. Pero pronto pasé de la incredulidad a la sospecha, ya que según notas periodísticas estas personas no sólo viajaban en una camioneta de lujo sino que además la camioneta tenía placas de la Secretaría de Relaciones Exteriores. ¿Ingenuidad? ¿Carnada? ¿Provocación?

Esto a colación, sólo por si no queda clara la idea, por las declaraciones de la Secretaria de Estado norteamericana Hilary Clinton y la encargada de seguridad nacional estadounidense Janet Napolitano, de que si la guerra provocada por los cárteles de la droga tocas las puertas de la frontera norte no se dudaría ni un momento en enviar soldados a invadir-colaborar con el gobierno mexicano.

“Más vale pedir perdón que…”: después de que la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de Educación junto con integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca hicieron retroceder a la policía militar desplegada por la visita, non grata, del presidente (sic) Felipe Calderón a la tierra del barro negro y el mezcal, el gobernador recién electo del estado Gabino Cué acepto disculparse de manera pública ante los manifestantes por el comportamiento de las organizaciones policiales a su cargo.

lunes, 7 de febrero de 2011

¿Y ustedes qué?

Este fin de semana largo, tuve la oportunidad de acompañar a la compañía Arte Acción en un par de presentaciones de su obra Loto Rojo, la breve gira se realizó por el estado de Hidalgo, la compañía había realizado ya un par de presentaciones anteriormente por esa localidad, yo sólo estuve presente en la de Ajacuba, lugar de la aguas hediondas según la legua local y la del domingo en Tezontepec, donde la función coincidió con el último día de la fiesta de la Candelaria.

El estado de Hidalgo es de una geografía semidesértica, rica en magueyes y por ende tierra productora de agua miel y pulque. Abundan en sus tierras cactus de diversa factura y su entrada por el lado norte de la ciudad de México es industrializada.

La breve gira de esta agrupación de teatro del cuerpo que incluye a personas con capacidades diferentes entre sus actores, se pospuso una semana por el levantón y la ejecución del presidente municipal de Ajacuba. El estado de Hidalgo se ha visto afectado, como casi toda la geografía nacional, por diversos sucesos relacionados con el narcotráfico, no sólo el levantón mencionado que pasó más como noticia local y con poca resonancia, sino también el estallido de un coche bomba hace poco menos de un mes en otro de sus municipios con una cobertura mediática mayor.

Los requerimientos propios de una puesta en escena de este tipo requieren de estar por lo menos un par de horas antes en lugar donde se realizará para ultimar detalles de iluminación, maquillaje, etc. Así nos dispusimos a hacerlo y entre el abrir y cerrar de cajas se acercaron cuatro tipos de complexiones y vestimentas distintas. Se dirigieron a mí como si fiera el responsable -cuando es producente decirlo sólo fui de invitado por ende colaboré en lo que podía- y me preguntaron ¿ustedes qué? mi reacción fue de contrariedad pues la pregunta me pareció brusca y sin mucho sentido, lo más lógico habría sido contestar ¿nosotros qué de qué? No por buscar confrontación claro está, sino por encontrar más sentido a la interrogante ¿nosotros qué hacemos aquí? ¿Nosotros quiénes somos? Un compañero que daba la espalda a la acción y sin percatarse de la peculiaridad de los sujetos que interrogaban atino a decir “va a haber una función de teatro a las seis”. Los sujetos así como llegaron se fueron sin decir más nada y en dirección opuesta a la que habían llegado.

¿Guardias del cártel del lugar? Me gustaría suponer que no, pero su actuar indica la presunción de otro de los que presenció su pregunta y aspecto, “eso me huele a la última letra del abecedario”. Junto con estos supuestos están los múltiples testimonios del modus operandi de muchos de los cárteles, donde confiesan que tienen un control casi absoluto de los movimientos que se realizan en su plaza. Quién entra, quién sale. Ellos lo saben ¿cómo? con una simple pregunta ¿ustedes qué? Ellos a presentar una obra de la cual dejo una breve muestra.







viernes, 28 de enero de 2011

Comunicado del EZLN sobre la muerte del obispo Samuel Ruiz.

COMUNICADO DEL COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.


ENERO DEL 2011.

AL PUEBLO DE MÉXICO:

El Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional manifiesta su pesar por la muerte del Obispo Emérito Don Samuel Ruiz García.


En el EZLN militan personas con diferentes credos y sin creencia religiosa alguna, pero la estatura humana de este hombre (y la de quienes, como él, caminan del lado de los oprimidos, los despojados, los reprimidos, los despreciados), llama a nuestra palabra.


Aunque no fueron pocas ni superficiales las diferencias, desacuerdos y distancias, hoy queremos remarcar un compromiso y una trayectoria que no son sólo de un individuo, sino de toda una corriente dentro de la Iglesia Católica.


Don Samuel Ruiz García no sólo destacó en un catolicismo practicado en y con los desposeídos, con su equipo también formó toda una generación de cristianos comprometidos con esa práctica de la religión católica. No sólo se preocupó por la grave situación de miseria y marginación de los pueblos originarios de Chiapas, también trabajó, junto con heroico equipo de pastoral, por mejorar esas indignas condiciones de vida y muerte.


Lo que los gobiernos olvidaron propositivamente para cultivar la muerte, se hizo memoria de vida en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

Don Samuel Ruiz García y su equipo no sólo se empeñaron en alcanzar la paz con justicia y dignidad para los indígenas de Chiapas, también arriesgaron y arriesgan su vida, libertad y bienes en ese camino truncado por la soberbia del poder político.


Incluso desde mucho antes de nuestro alzamiento en 1994, la Diócesis de San Cristóbal padeció el hostigamiento, los ataques y las calumnias del Ejército Federal y de los gobiernos estatales en turno.


Al menos desde Juan Sabines Gutiérrez (recordado por la masacre de Wolonchan en 1980) y pasando por el General Absalón Castellanos Domínguez, Patrocinio González Garrido, Elmar Setzer M., Eduardo Robledo Rincón, Julio César Ruiz Ferro (uno de los autores de la matanza de Acteal en 1997) y Roberto Albores Guillén (más conocido como “el croquetas”), los gobernadores de Chiapas hostigaron a quienes en la diócesis de San Cristóbal se opusieron a sus matanzas y al manejo del Estado como si fuera una hacienda porfirista.


Desde 1994, durante su trabajo en la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), en compañía de las mujeres y hombres que formaron esa instancia de paz, Don Samuel recibió presiones, hostigamientos y amenazas, incluyendo atentados contra su vida por parte del grupo paramilitar mal llamado “Paz y Justicia”.


Y siendo presidente de la CONAI Don Samuel sufrió también, en febrero de 1995, un amago de encarcelamiento.


Ernesto Zedillo Ponce de León, como parte de una estrategia de distracción (tal y como se hace ahora) para ocultar la grave crisis económica en la que él y Carlos Salinas de Gortari habían sumido al país, reactivó la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas.


Al mismo tiempo que lanzaba una gran ofensiva militar en contra del EZLN (misma que fracasó), Zedillo atacó a la Comisión Nacional de Intermediación.

Obsesionado con la idea de acabar con Don Samuel, el entonces presidente de México, y ahora empleado de trasnacionales, aprovechó la alianza que, bajo la tutela de Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos, se había forjado entre el PRI y el PAN.


En esas fechas, en una reunión con la cúpula eclesial católica, el entonces Procurador General de la República, el panista y fanático del espiritismo y la brujería más chambones, Antonio Lozano Gracia, blandió frente a Don Samuel Ruiz García un documento con la orden de aprehensión en su contra.


Y cuentan que el procurador graduado en Ciencias Ocultas fue confrontado por los demás obispos, entre ellos Norberto Rivera, quienes salieron en la defensa del titular de la Diócesis de San Cristóbal.


La alianza PRI-PAN (a la que luego se unirían en Chiapas el PRD y el PT) en contra de la Iglesia Católica progresista no se detuvo ahí. Desde los gobiernos federal y estatal se apadrinaron ataques, calumnias y atentados en contra de los miembros de la Diócesis.


El Ejército Federal no se quedó atrás. Al mismo tiempo que financiaba, entrenaba y pertrechaba a grupos paramilitares, se promovía la especie de que la Diócesis sembraba la violencia.


La tesis de entonces (y que hoy es repetida por idiotas de la izquierda de escritorio) era que la Diócesis había formado a las bases y a los cuadros de dirección del EZLN.


Un botón de la amplia muestra de estos argumentos ridículos se dio cuando un general mostraba un libro como prueba de la liga de la Diócesis con los “transgresores de la ley”.


El título del libro incriminatorio es “El Evangelio según San Marcos”.

Hoy en día esos ataques no han cesado.


El Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de Las Casas” recibe continuamente amenazas y hostigamientos.


Además de ser haber sido fundado por Don Samuel Ruiz García y de tener una inspiración cristiana, el “Frayba” tiene como “delitos agravantes” el creer en la Integralidad e Indivisibilidad de los Derechos Humanos, el respeto a la diversidad cultural y al derecho a la Libre Determinación, la justicia integral como requisito para la paz, y el desarrollo de una cultura de diálogo, tolerancia y reconciliación, con respeto a la pluralidad cultural y religiosa.


Nada más molesto que esos principios.


Y esta molestia llega hasta el Vaticano, donde se maniobra para partir la diócesis de San Cristóbal de Las Casas en dos, de modo de diluir la alternativa en, por y con los pobres, en la acomodaticia que lava conciencias en dinero. Aprovechando el deceso de Don Samuel, se reactiva ese proyecto de control y división.


Porque allá arriba entienden que la opción por los pobres no muere con Don Samuel. Vive y actúa en todo ese sector de la Iglesia Católica que decidió ser consecuente con lo que se predica.


Mientras tanto, el equipo de pastoral, y especialmente los diáconos, ministros y catequistas (indígenas católicos de las comunidades) sufren las calumnias, insultos y ataques de los neo-amantes de la guerra. El Poder sigue añorando sus días de señorío y ven en el trabajo de la Diócesis un obstáculo para reinstaurar su régimen de horca y cuchillo.


El grotesco desfile de personajes de la vida política local y nacional frente al féretro de Don Samuel no es para honrarlo, sino para comprobar, con alivio, que ha muerto; y los medios de comunicación locales simulan lamentar lo que en realidad festinan.


Por encima de todos esos ataques y conspiraciones eclesiales, Don Samuel Ruiz García y l@s cristian@s como él, tuvieron, tienen y tendrán un lugar especial en el moreno corazón de las comunidades indígenas zapatistas.

Ahora que está de moda condenar a toda la Iglesia Católica por los crímenes, desmanes, comisiones y omisiones de algunos de sus prelados…


Ahora que el sector autodenominado “progresista” se solaza en hacer burla y escarnio de la Iglesia Católica toda…


Ahora que se alienta el ver en todo sacerdote a un pederasta en potencia o en activo…


Ahora sería bueno voltear a mirar hacia abajo y encontrar ahí a quienes, como antes Don Samuel, desafiaron y desafían al Poder.

Porque est@s cristianos creen firmemente en que la justicia debe reinar también en este mundo.


Y así lo viven, y mueren, en pensamiento, palabra y obra.


Porque si bien es cierto que hay Marciales y Onésimos en la Iglesia Católica, también hubo y hay Roncos, Ernestos, Samueles, Arturos, Raúles, Sergios, Bartolomés, Joeles, Heribertos, Raymundos, Salvadores, Santiagos, Diegos, Estelas, Victorias, y miles de religios@s y seglares que, estando del lado de la justicia y la libertad, están del lado de la vida.


En el EZLN, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes, hoy no sólo honramos la memoria de Don Samuel Ruiz García.


También, y sobre todo, saludamos el compromiso consecuente de l@s cristian@s y creyentes que en Chiapas, en México y en el Mundo, no guardan un silencio cómplice frente a la injusticia, ni permanecen inmóviles frente a la guerra.


Se va Don Samuel, pero quedan muchas otras, muchos otros que, en y por la fe católica cristiana, luchan por un mundo terrenal más justo, más libre, más democrático, es decir, por un mundo mejor.


Salud a ellas y ellos, porque de sus desvelos también se nacerá el mañana.


¡LIBERTAD!

¡JUSTICIA!

¡DEMOCRACIA!


Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN.

Teniente Coronel Insurgente Moisés.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Enero del 2011.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La Fábula del Chango





Esta es la fábula de un hombre que quiso vivir la fantasía del bienestar en medio de la insanidad. Y aún siendo él tan insano, se metió en un lugar verde, húmedo, vivo. La fantasía siempre trastabilló porque nadie nunca puede escindirse de su propia realidad; es más, esa fantasía se quebró totalmente cuando la realidad llegó a ese lugar verde, armonioso en su fachada.
A la casa fantástica de ese hombre, llegó otro hombre que no tenía fantasía de bienestar, sino que tenía la fantasía de extender, de imponer su malestar, sus formas torcidas de vivir. Se desató entonces una lucha desigual, donde por un lado la racionalidad, la reflexión, y por otro la irracionalidad, la acción irreflexiva, la acción automática y dictada.

La fábula literaria entraña una enseñanza moral o moraleja, aunque siempre se usan animales u objetos, supongo que para lograr un distanciamiento objetivo de la historia y que su precepto moral sea más claro y efectivo. Así se hace evidente que lo que escribí no es una fábula en ese sentido, pero podría seguir siéndolo en sentido artistotélico, si planteamos la fábula como la estructuración de acciones con desenlace trágico.

Evidentemente, en la fábula narrada no hay un desenlace trágico, sólo está presente mi malestar ante la estupidez humana, la imposibilidad de resolver los conflictos interpersonales de manera conjunta y cordial, la agresividad sin sentido, la falta de responsabilidad ante los propios actos. Por ello, mi primer impulso sería aceptar que, en efecto, mi vecino tiene algún tipo de retraso mental y que simplemente es estúpido. Sin embargo, mirando con más detenimiento me di cuenta que nuestra relación y, sobre todo, su actitud cotidiana no es más que el reflejo de todo un ideario social, masivo y hegemónico. Es aquí donde vuelve la fábula, la tragedia de la vida en el capitalismo.

En este ejercicio, quisiera superar la fase simplista de la moraleja, de mi propia presunción de superioridad moral ante un tipo detestable en bastantes sentidos. Lo interesante sería precisamente llegar a ese sustrato en el que las actitudes individuales son el mecanismo en que parte de la contradicción social se reproduce y se perpetúa.

Sigamos con la fábula, pues. El personaje en cuestión se presenta a sí mismo como “el chango”. Creo que esto ya es bastante indicativo de un acto de autoreconocimiento.

Bueno, el chango se presenta también como budista. Aquí otro síntoma de la esquizofrenia de nuestro tiempo, un tipo de mirada y gesticulación agresiva que se proclama budista. Al cabo de los días, se muestra como un tipo al que le gusta enunciar sus dones, su conocimiento, su experiencia y que da muchos consejos, que se muestra amable e interesado por los problemas e intereses de uno pero sobre todo, los planes suyos y de los otros; además de ser este tipo bonachón, es también alguien que da órdenes a los demás, que se esfuerza por imponer conductas (especialmente ante varias personas, cuando es más visible), que se empodera ante las mujeres; sin embargo, otra enunciación suya es la que muestra la postura discursiva de los poderosos, que se muestran a favor de los valores humanos, de la bondad, de la filantropía, de la esencia absoluta del espíritu. El chango, poco tiempo después de decirse budista, en una reunión de vecinos nos dice que planea comprarse una pistola “porque la cosa se está poniendo muy cabrona”.
¿Acaso no Obama recibió el nobel de la paz el mismo momento en que enviaba 30 mil efectivos a Afganistán? ¿No es Calderón el que ofreció el seguro popular a todos los niños que nacieran en su gobierno, y no es él mismo quien lleva a cabo, tan implacablemente, su “guerra contra el narco”? ¿No Marcelo Ebrard gobierna la ciudad “con ángel”y expropia cientos de predios por medio de la violencia policiaca? ¿No en nuestra ciudad la publicidad vende valores humanos como la solidaridad, el compromiso con el medio ambiente, no son las televisoras las mayores impulsoras de la filantropía mientras impiden el acceso ciudadano a los medios de comunicación?

¿No es precisamente el narrador de la fábula también presa y responsable de sus propios actos e ideas? ¿En qué medida todos, yo mismo, soy responsable como ser humano, social y en cuál otra soy, somos cínicos ante lo errado de nuestras conductas cotidianas?

En otra ocasión, el chango me escribe un mensaje en el que me amenaza porque no le bajo al baño cuando orino. Me amenaza con que es la última vez que me pide que cada vez expulse el agua (no importa si se le explica que es absurdo tirar 6 litros de agua por menos del 100 ml de orina, su condicionamiento es otro). Cuando su exabrupto es evidenciado ante incluso ante él mismo, es él quien convoca a una reunión. En ella se posiciona como el mediador, como el que pacificador, como si otro y no él, fuera el agresor. Aquí encuentro otra vez una imagen clara de las prácticas del poder político e ideológico; siempre en las disputas de los pueblos autóctonos, por ejemplo, contra el gobierno (el Estado) que es siempre el agresor pero es también el que utiliza todos los medios posibles para convencer a la sociedad de que los violentos son otros, los que protestan, los que se inconforman, los que se defienden. No hay más que mirar aquellos primeros días del alzamiento zapatista en 94, o el discurso del gobierno chileno ante la resistencia mapuche, o la actitud gubernamental ante las protestas estudiantiles de 99.

O en el pesero, donde si reclamas por tu seguridad o por tu comodidad, el agresivo es uno y hasta las señoras defienden al pobre conductor.

En otro momento, el chango me explica que el Che Guevara planteó que sólo “la sociedad civil” podría transformar la realidad. Además de lo cómico de la explicación, me parece sumamente perverso el mecanismo por el que la ideología capitalista pervierte y se apropia de sus enemigos. Es decir, el Che Guevara nunca plantearía algo así porque era marxista, y en la teoría marxista (mucho menos en la leninista), no existe tal cosa como la sociedad civil. Lo que existe es la sociedad humana, dividida en clases sociales con interes opuestos; pero eso no importa, lo que implica la perversión del pensamiento del Che es hacerlo inofensivo, inocuo.

Ya en términos más literarios, me gustaría enunciar la basura literaria que se apila en el baño que comparto con el chango (otra vez, esto es bastante sintomático de sus hábitos de lectura y de sus procesos de pensamiento). Hay dos libros que me ha sorprendido mucho encontrar junto al excusado, uno de ellos es El poder del ahora, una guía para la iluminación espiritual; el otro libro asiduo al retrete común es uno de Deepak Chopra (quien es perpetrador de diarrea mental con título como Escapando de la prisión del intelecto o Creando tu mundo según la manera en que realmente quieres que sea). A este gurú, en el documental inglés Los Enemigos de la Razón, Richard Dawkins (otra perla del pensamiento reaccionario) lo cuestionó sobre uso del término “teoría cuántica”, Chopra dice que sólo lo usaba como una metáfora y no tenía nada que ver con la teoría científica sobre la energía cuántica.

Copra dice que, por ejemplo, las enfermedades pueden curarse simplemente cambiando de consciencia. Y entonces, la clase alta y media del mundo, especialmente la del primer mundo, que tiene acceso a sus patrañas, asumen que incluso aceptando que tienen problemas, simplemente si se cambia de consciencia, el problema desaparacerá. Por eso el chango opta por actuar como si nada ocurriera, como si no tuviera problemas severos de comunicación y socialización, porque si él cambia de conciencia, los problema desaparacen, o por lo menos, los problemas que él genera, ya no son suyos, puede tener tres o cuatro kilos de carne permanentemente en el refrigerador, pueden consumir todos los productos Coca Cola, puede no tener la intención de separar la basura, de limpiar su propio desperdicio, puede todos los días usar su auto, puede querer golpearse con alguien, al primer conflcito verbal, pero lo que único que importa para él mismo es que quiere "iluminarse". Como anécdota, menciono que Chopra, en su calidad de buen hombre, cobra alrededor de 75 mil dólares por conferencia y dice que tiene entre sus seguidores a Madonna y Hillary Clinton, así como lo era el difunto Michael Jackson.

Eson sus hábitos de lectura, esos libros entre otros de cocina, de artes marciales, de deportes, de periódicos como LaRazón, el Reforma, a veces La Jornada y Cancha son parte de su ideario, el que es evidentemente coprófago y contemplativo (también tiene un manual didáctico de Historia de la Pintura, que en la portada tiene a la Monalisa y a la Monroe por Warhol).

Estaría interesante hablar de sus otros hábitos, así como sería también interesante preguntarse sobre los de uno mismo, que yo me preguntara sobre los míos. Ser capaz de mirar no sólo los hábitos intelectuales, culturales, alimenticios, masculinos o femeninos y políticos sino todos y ser también capaz de transformarlos día a día, por más esfuerzo que cueste.

Y ahora finalmente, se me ocurre que de lo que de verdad quiero hablar es de una actitud de vida comprometida y revolucionaria. ¿Cuál es y debe ser entonces el sentido de la revolución?
Según yo, no puede ser individual y sólo individual, sino que tiene que ser un proceso personal y colectivo.

Porque al parecer, si no lo hacemos, la única otra opción que tenemos es ser cínicos ante nuestras propias patrañas.